La salud mental también se defiende en el trabajo
La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos de nuestra sociedad y también en una cuestión fundamental de salud laboral. Las condiciones en las que trabajamos pueden influir directamente en nuestro bienestar psicológico y, cuando existen situaciones de sobrecarga, estrés, inseguridad laboral, falta de autonomía, acoso o violencia, pueden aparecer consecuencias graves para la salud de las personas trabajadoras.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 aproximadamente el 16 % de las personas adultas en edad de trabajar padecía un problema de salud mental. Además, cada año se pierden en el mundo alrededor de 12.000 millones de jornadas laborales debido a la depresión y la ansiedad, con un coste económico estimado de un billón de dólares.
Estos datos ponen de manifiesto que la salud mental no puede abordarse únicamente desde el ámbito sanitario. También debe abordarse desde los centros de trabajo y desde la prevención de riesgos laborales.
Las condiciones de trabajo importan
El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) señala entre los principales factores laborales que pueden afectar negativamente a la salud mental la presión de tiempo y la sobrecarga de trabajo, el trato difícil con la clientela, pacientes o personas usuarias, la inseguridad laboral, los problemas de comunicación, la falta de autonomía, la violencia y el acoso.
Los datos del INSST muestran que, en España, el 31,9 % de las personas ocupadas manifestó estar expuesto a presión de tiempo o sobrecarga de trabajo con efectos negativos sobre su salud mental.
También señalaron como factores de riesgo:
· 16,2 %, trato difícil con clientela, pacientes, alumnado u otras personas.
· 11,3 %, inseguridad laboral.
· 7,7 %, mala comunicación o cooperación dentro de la organización.
· 5,3 %, falta de autonomía o de influencia sobre el ritmo o los procedimientos de trabajo.
· 3,8 %, violencia o amenaza de violencia.
· 3,0 %, acoso o intimidación.
Por ello, hablar de salud mental en el trabajo significa hablar también de organización del trabajo, cargas de trabajo, horarios, conciliación, estabilidad en el empleo, relaciones laborales, prevención del acoso y participación de las personas trabajadoras.
El propio INSST considera que unas condiciones psicosociales adversas pueden convertirse en factores de riesgo para la seguridad, la salud y el bienestar de las personas trabajadoras y que deben ser evaluadas y gestionadas mediante una adecuada planificación preventiva.
3.808 suicidios en España en 2025
La dimensión del problema también se refleja en los datos de mortalidad.
Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2025 se registraron provisionalmente 3.808 suicidios en España: 2.784 hombres y 1.024 mujeres. El suicidio fue la tercera causa externa de muerte en el conjunto de la población y la primera entre las causas externas de muerte de los hombres.
La tasa de mortalidad por suicidio fue de casi 8 por cada 100.000 habitantes.
La salud mental debe estar en el centro de la prevención laboral.
No podemos normalizar que acudir al trabajo implique soportar de manera continuada estrés, sobrecarga, presión, falta de reconocimiento, inseguridad, acoso o violencia.
La prevención de riesgos laborales debe prestar la misma atención a los riesgos que afectan a la salud física y a aquellos que afectan a la salud psicológica, sin perder de vista la dimensión de género en todos los procesos y actuaciones de la gestión preventiva.
Es necesario:
· Evaluar de forma efectiva los riesgos psicosociales en las empresas, evitando gestionarlos como riesgos de segundo orden.
· Los resultados de la evaluación de riesgo psicosocial deben ser tenidos en cuenta en la obligatoria planificación de la prevención: se debe actuar sobre las causas y no limitarse a tratar las consecuencias.
· Reducir las situaciones de sobrecarga y presión laboral excesiva.
· Garantizar plantillas suficientes y una adecuada organización del trabajo.
· Prevenir y combatir el acoso laboral y la violencia en el trabajo mediante la sensibilización y formación de las plantillas y la negociación con la RLPT de medidas concretas como protocolos de acoso laboral, protocolos frente a la LGTBIfobia y protocolos frente al acoso sexual, acoso por razón de sexo y otras violencias sexuales.
· Mejorar la flexibilidad y la conciliación de la vida laboral y personal, fomentando la corresponsabilidad.
· Integrar la perspectiva de género en la salud laboral.
· Garantizar entornos de trabajo seguros, saludables y libres de discriminación.
· Facilitar el acceso a recursos de apoyo psicológico y sanitario.
· Formar a las personas responsables y mandos intermedios para detectar situaciones de riesgo psicosocial.
· Establecer protocolos de actuación ante situaciones de crisis y riesgo suicida, respetando siempre la privacidad y dignidad de las personas.
Una responsabilidad de toda la sociedad
La salud mental no es una cuestión individual ni una responsabilidad de quien sufre un problema de salud mental. Las empresas, las administraciones públicas, los servicios sanitarios y la sociedad en su conjunto tenemos un papel que desempeñar.
La OMS recuerda que los entornos laborales deficientes (incluidas las cargas de trabajo excesivas, la inseguridad laboral, la discriminación o el escaso control sobre el trabajo) constituyen riesgos para la salud mental.
Por ello, defender la salud mental es también defender unas condiciones laborales dignas.
No queremos trabajadores y trabajadoras que tengan que elegir entre su salud y su empleo.
Queremos centros de trabajo donde se cuide a las personas, donde se prevengan los riesgos psicosociales y donde pedir ayuda no sea motivo de estigma.
Es necesario que los aspectos psicosociales dejen de ser considerados factores de riesgo de segundo orden y que las empresas integren en su gestión preventiva el cuidado de la salud mental de las personas trabajadoras.


