La paz es insostenible sin las mujeres: un llamado urgente ante el aumento de la violencia global.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme, que se conmemoró ayer, 24 de mayo, es imperativo alzar la voz ante un contexto internacional marcado por una creciente convulsión. Asistimos a una escalada de la violencia, el mundo vive actualmente el mayor número de conflictos armados activos desde la Segunda Guerra Mundial.
Actualmente, el mundo enfrenta al menos 110 conflictos armados activos, de los que al menos 6 son de alta intensidad (Ucrania, Gaza, República Democrática del Congo, Sudán, El Sahel, Myanmar), una realidad que no solo amenaza la seguridad de la clase trabajadora global, sino que sitúa a las mujeres y niñas en una posición de extrema vulnerabilidad, agravando las desigualdades estructurales.
Aunque las mujeres raramente inician los conflictos violentos, son quienes sufren desproporcionadamente sus consecuencias. La guerra no solo destruye infraestructuras, sino que desmantela los derechos fundamentales y los avances alcanzados en igualdad de género.
Los datos de 2026 indican que los conflictos actuales multiplican por cuatro el número de asesinatos de mujeres y niñas, y han provocado un aumento del 87% en los casos de violencia sexual en comparación con periodos de estabilidad.
La violencia contra las mujeres como estrategia bélica
El uso del cuerpo femenino como «botín de guerra» y táctica de terror es una realidad inaceptable. La violencia sexual, el reclutamiento forzado, el aumento de la trata de personas y la privación de derechos básicos, como el acceso a la educación —donde las niñas en zonas de conflicto tienen un 90% menos de probabilidades de escolarización— son consecuencias directas que destruyen la dignidad y el futuro de comunidades enteras.
La exclusión persistente en la construcción de la paz
A pesar de que los datos de la ONU son concluyentes —la participación de las mujeres en procesos de paz incrementa en un 20% la probabilidad de alcanzar acuerdos duraderos—, la realidad diplomática sigue siendo alarmantemente excluyente. Casi el 90% de los procesos de paz carecieron de representación femenina significativa. En 2024, las mujeres representaron apenas un 7% de las personas mediadoras y un 13% de las negociadoras.
En 2024, la participación de mujeres en procesos de paz y redacción de constituciones apoyados por la ONU cayó al 18% en 2024, comparado con el 23% registrado en 2020, alejándonos de los objetivos marcados por la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que desde el año 2000 reconoce la importancia del papel de la mujer en la seguridad internacional.
Pero, además, de los 36 acuerdos de paz suscritos en 2024, únicamente 11 (menos de un tercio) incluyeron disposiciones específicas sobre mujeres, niñas o violencia de género.
El Impacto Comprobado: ¿Por qué es estratégico incluir a las mujeres?
Los datos respaldan que la inclusión femenina no es solo una cuestión de equidad, sino un factor de éxito operativo:
- Durabilidad: Cuando las mujeres participan en las negociaciones, la probabilidad de que los acuerdos perduren al menos dos años aumenta un 20%.
- Largo plazo: El impacto es mayor a medida que pasa el tiempo; la probabilidad de que un acuerdo se mantenga firme durante 15 años o más aumenta en un 35% si hubo participación femenina en la fase de negociación.
- Calidad del acuerdo: La presencia de mujeres garantiza que se aborden temas de cohesión social, justicia transicional y derechos humanos, elementos que suelen omitirse en procesos dominados exclusivamente por élites militares o políticas.
Un llamado a la acción
No se puede hablar de paz verdadera si se invisibiliza a la mitad de la población. La perspectiva de género no es una concesión, es un elemento esencial para la eficacia y la sostenibilidad de cualquier acuerdo de paz.
«Reconocer el derecho de las mujeres a la participación en igualdad de condiciones en la construcción de la paz no es solamente una cuestión de derechos, es la única manera de lograr resultados a largo plazo y una paz sostenible para toda la humanidad», se destaca desde la organización.
Reafirmamos la urgencia de romper los techos de cristal en la diplomacia internacional y de garantizar que la voz, la protección y la participación de las mujeres sean el eje central de las estrategias para un mundo sin violencia.
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