Atendiendo a los datos generales, no podemos afirmar categóricamente que la mujer en el sector de la seguridad privada y los servicios auxiliares se vea afectada por unos condicionantes “en exclusividad” en términos de salud, pero sí se puede analizar desde la perspectiva de algunos aspectos que rodean a las condiciones de trabajo, en los que la mujer trabajadora, sí puede verse en mayor grado más afectada que el hombre, es por esto que sería conveniente analizar los elementos que hacen que la mujer esté más expuesta a ciertos aspectos que la conviertan en trabajadora más vulnerable.
Desde el Sector de Seguridad Privada y Servicios Auxiliares de FeSMC-UGT, apelamos a la concienciación de las empresas sobre estas diferencias, para que puedan tenerlas en cuenta a la hora de estipular sus políticas de prevención de riesgos laborales, así como la consideración de la variable sexo como hecho diferencial en sus intervenciones en salud laboral y puedan asimismo dar traslado a los agentes intervinientes, como son prevencionistas laborales, mutuas y servicios de prevención ajenos.
En primer lugar y para argumentar nuestra aseveración, se hace necesario recabar unos cuantos datos estadísticos; según la información difundida por Renew Europe, el 72 % de los ensayos farmacológicos no proporcionan datos desagregados por sexo y género, y tan solo el 5% de la financiación mundial destinada a la investigación y al desarrollo sanitario se dedica específicamente a las mujeres.
Este informe pone el ejemplo de la endometriosis que afecta a unos 14 millones de mujeres en Europa y su diagnóstico puede demorarse hasta una media de ocho años, pero no es el único ámbito, las enfermedades cardiovasculares, la menopausia, determinadas enfermedades autoinmunes y las diferencias en las que las mujeres metabolizan algunos medicamentos, muestran hasta qué punto el sexo constituye una variable relevante como para ser investigada y abordada.
Especial referencia merece la retirada de un informe realizado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutricional (AESAN) sobre las recomendaciones nutricionales para mujeres durante la menopausia después de que diversas científicas y colectivos, como la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) denunciaran que las referencias tomadas para el estudio provenían de muestras masculinas y de rangos de edad totalmente ajenos a la perimenopausia o menopausia.
Por tanto, estos hechos nos dan muestra de que las diferencias por sexo existen, sin embargo, incluso hoy, en el siglo XXI, siguen siendo poco estudiadas.
Aterrizando en nuestro sector, desde FeSMC-UGT, reclamamos una mayor concienciación y sensibilización que tenga en cuenta la presencia de la mujer en el sector que poco a poco se encamina hacia un 17%, así como el estudio de la variable sexo en las evaluaciones de riesgos laborales realizados por los servicios de prevención y departamentos de PRL sobre las posibles enfermedades que afecten de forma específica o diferente a la mujer, con especial protección al embarazo, lactancia y menopausia.
Atendiendo a las necesidades específicas, las condiciones de trabajo nos marcan ya unas diferencias que según nuestra consideración deben ser abordadas por la empresa, esto es, los trastornos musculoesqueléticos, debido a circunstancias asociadas, como pasar periodos prolongados de pie y su fuerte impacto en la salud biomecánica y vascular de cualquier persona sea hombre o mujer, pero que en la mujer este impacto se amplifica por factores anatómicos, hormonales y de composición corporal, como es por la insuficiencia y dificultad del retorno venoso y la mayor predisposición de las mujeres a desarrollar problemas vasculares. Por otra parte, el estrés en articulaciones y columna hace que la carga en la tensión sea mayor en el esqueleto y suelo pélvico por factores hormonales, así como por el efecto de la gravedad, llegando a su mayor impacto en periodos de peri y menopausia, donde la caída de los estrógenos reduce la masa muscular y la densidad ósea, haciendo que la mujer sea aún más vulnerable ante el mayor desgaste postural.
Otras exposiciones como las altas y bajas temperaturas en el caso de trabajos en exterior o exposición a aires acondicionados excesivamente fuertes, provoca igualmente diferencias termorreguladoras y fluctuaciones hormonales en las mujeres; por ejemplo, en la mujer provoca mayor retención de líquidos, así como mayores variaciones en la tensión arterial, como en el caso de altas temperaturas o espacios sin ninguna climatización. Cuando el frío es extremo, el cuerpo de la mujer reacciona de forma más agresiva que en el hombre, como el síndrome de Raynaud, así como los efectos en la masa muscular y la grasa corporal al tener menor cantidad de ambas. Especialmente importante durante la menopausia, donde la disminución drástica de estrógenos desencadena mayores sudoraciones, sofocos y mareos.
En definitiva, es demostrable que existen factores que inciden en mayor medida en la biomecánica y fisiología de la mujer, es por ello por lo que, desde FeSMC-UGT, instamos a las empresas a que tengan en cuenta la variable sexo en la realización de los informes y evaluaciones de prevención de riesgos, así como los riesgos psicosociales, en los que la mujer tampoco es ajena a una mayor vulnerabilidad, debido a las situaciones que perjudican claramente a la mujer.
El mundo laboral y las enfermedades derivadas de una exposición al trabajo deben ser atendidas debido a las diferencias que presentan en el cuerpo óseo y muscular de la mujer, así como los cambios metabólicos y los disruptores endocrinos que afectan por desigual.



