El 21 de mayo se conmemora en España el Día de la Seguridad Privada, una fecha que recuerda un hito histórico fundamental: el 21 de mayo de 1518, cuando se promulga la primera normativa de seguridad privada en nuestro país destinada a regular la vigilancia y protección de los bosques y explotaciones forestales.

Más de cinco siglos después, esta jornada tiene más sentido que nunca para miles de profesionales que desarrollan una labor esencial para la sociedad.

La conmemoración de este día debe servir para reconocer públicamente la profesionalidad, compromiso y dedicación de quienes garantizan diariamente la seguridad en infraestructuras críticas, hospitales, transportes, centros comerciales, eventos, edificios públicos y privados, así como en multitud de espacios donde la seguridad privada se ha convertido en un elemento imprescindible para la convivencia y la tranquilidad ciudadana.

La seguridad privada constituye un complemento esencial de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, tal y como recoge nuestro marco legislativo. Su capacidad de prevención, vigilancia y colaboración contribuye de manera decisiva a reforzar el sistema público de seguridad, especialmente en una sociedad cada vez más compleja y exigente en materia de protección.

Durante estos días se han celebrado en distintos puntos del territorio español diversos actos institucionales de reconocimiento a la trayectoria profesional de vigilantes y profesionales del sector. Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, empresas de seguridad y representantes políticos han vuelto a poner en valor la actividad de la seguridad privada coincidiendo, como es habitual, con el Día de la Seguridad Privada.

Sin embargo, la realidad diaria del colectivo continúa muy alejada de muchos de los discursos pronunciados en estos actos.

La complementariedad entre seguridad pública y seguridad privada se ve seriamente debilitada cuando sigue existiendo una insuficiente protección jurídica para los profesionales del sector y una escasa protección efectiva durante el desempeño de sus funciones. Las agresiones, amenazas y situaciones de riesgo continúan formando parte del día a día de muchos vigilantes de seguridad que, pese a asumir enormes responsabilidades, tienen que seguir reclamando un mayor respaldo institucional y legal.

Asimismo, resulta imprescindible afrontar un cambio de modelo en la seguridad privada en España. La negativa reiterada de empresas y administraciones a avanzar hacia una jubilación anticipada justa para los profesionales del sector supone ignorar la realidad física, psicológica y operativa de una actividad sometida a elevados niveles de desgaste, estrés y exposición permanente al riesgo.

En este Día de la Seguridad Privada, una de las reivindicaciones nucleares del Sector de Seguridad Privada y Servicios Auxiliares de FeSMC-UGT continúa siendo el reconocimiento de la seguridad privada como profesión de riesgo, permitiendo que las personas trabajadoras del sector puedan acceder a la jubilación anticipada mediante la aplicación de coeficientes reductores.

Se trata de una demanda histórica, legítima y plenamente respaldada por la realidad diaria que afrontan miles de profesionales: jornadas marcadas por la turnicidad y la nocturnidad, elevados niveles de tensión y presión psicológica, agresiones, exposición constante a situaciones de riesgo, desgaste físico acumulado y un evidente envejecimiento prematuro derivado de las propias condiciones del servicio.

Desde FeSMC-UGT consideramos que reconocer a la seguridad privada como profesión de riesgo no supone ningún privilegio, sino un ejercicio de justicia laboral y de responsabilidad institucional hacia un colectivo esencial para la seguridad de nuestro país. Garantizar una jubilación anticipada adecuada significa también proteger la salud de las personas trabajadoras, dignificar la profesión y asegurar un servicio de mayor calidad y eficacia para el conjunto de la ciudadanía.

Del mismo modo, hablar de igualdad, conciliación laboral y reconocimiento social de la profesión sigue convirtiéndose en una batalla diaria frente a determinadas empresas que incumplen sistemáticamente la legislación laboral y el convenio colectivo. La dignificación de la profesión no puede quedarse únicamente en homenajes o actos simbólicos; debe traducirse en condiciones laborales dignas, estabilidad en el empleo, salarios adecuados y una verdadera apuesta por la formación continua y la profesionalización del sector.

A esta situación se suma la política constante de adjudicación de servicios basada exclusivamente en las ofertas económicas más bajas, una práctica que provoca una degradación progresiva de la actividad, precariza las condiciones laborales y elimina cualquier criterio real de calidad y valor añadido en la prestación del servicio. Además, demasiadas veces estas dinámicas terminan derivando en situaciones de quiebra empresarial que dejan a las personas trabajadoras en situaciones de absoluta indefensión.

La seguridad privada no puede seguir siendo tratada como un servicio de bajo coste. Detrás de cada uniforme hay profesionales que asumen responsabilidades fundamentales para la protección de personas, bienes e infraestructuras estratégicas.

En este Día de la Seguridad Privada, desde UGT reiteramos nuestro reconocimiento permanente a todos los vigilantes y profesionales del sector. Pero también recordamos que el verdadero reconocimiento no se demuestra únicamente con palabras, medallas o actos institucionales. Empresas, instituciones y Gobierno deben demostrar su implicación con hechos concretos, medidas reales y compromisos efectivos que dignifiquen definitivamente la profesión y mejoren las condiciones de vida y trabajo del conjunto del colectivo.

Porque proteger a quienes nos protegen debe ser una prioridad social e institucional todos los días del año.