El incremento del salario mínimo para este año 2026 consolida una tendencia que ha supuesto una mejora significativa para los salarios más precarios del sector Servicios. Sin embargo, debemos estar alerta para evitar efectos secundarios no deseados a través de tramposas maniobras patronales.
Desde 2018, el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha dejado de ser una referencia más o menos simbólica para convertirse en una herramienta real de redistribución y dignificación salarial. La subida acordada para 2026, que sitúa el SMI en 1.221 euros mensuales en catorce pagas, consolida una tendencia que ha modificado estructuralmente el suelo retributivo en nuestro país.
Los datos son contundentes. Según el último informe del Servicio de Estudios de UGT, “El salario mínimo en 2026. Un nuevo avance que favorece a las personas trabajadoras y a la economía” (Análisis y Contextos nº 95, febrero 2026), el SMI habrá aumentado un 65,9% desde 2018, acumulando una mejora real de 31 puntos de poder adquisitivo. En la última década, el incremento nominal alcanza el 86,4%, con casi 42 puntos de ganancia real descontando la inflación.
Impacto directo en los servicios privados (las luces)
Más relevante aún es el impacto sectorial. El estudio estima que cerca de 2,5 millones de personas asalariadas —el 12,9% del total— se verán directamente beneficiadas por la nueva cuantía del SMI y que el 85,8% de ellas trabaja en el sector servicios, bajo competencia sindical de nuestra federación.
En el ámbito de los servicios privados, donde se concentran muchas de las actividades con salarios medios más bajos, el impacto es especialmente positivo. Hablamos de hostelería, comercio, contact center, servicios auxiliares y multiservicios, limpieza de edificios y locales, empleo doméstico, actividades logísticas y de gestión de almacenes, servicios de ocio o de cuidado personal, sector de seguros y oficinas, entre otros.
El SMI debe ser también un motor que tire de los salarios hacia arriba, y no al revés. Y eso hay que lucharlo en la negociación colectiva de varios de nuestros sectores de servicios
El informe señala que en comercio y hostelería, por ejemplo, la incidencia del SMI ronda el 20% de personas trabajadoras directamente afectadas, mientras que en otras actividades de servicios la proporción es aún mayor. Además, el impacto tiene una dimensión estructural evidente: afecta mayoritariamente a mujeres —casi el 70% de las personas perceptoras del SMI en 2026—, a personas jóvenes y a trabajadores con contratos a tiempo parcial, perfiles que se concentran precisamente en estos sectores de servicios privados.
Compensación/ absorción y «aplanamiento» salarial (las sombras)
Junto a este avance indiscutible, emergen prácticas empresariales que distorsionan el espíritu del SMI. El propio Servicio de Estudios de UGT advierte de fenómenos preocupantes.
Cuando el SMI aumenta pero las tablas salariales de convenio no se actualizan en su conjunto, distintas categorías profesionales terminan situándose muy cerca del mínimo legal
El primero es la compensación y absorción de complementos salariales. En determinadas empresas, especialmente en sectores como limpieza, contact center o servicios auxiliares, la subida del SMI se neutraliza reduciendo pluses ya consolidados en nómina, de modo que el salario anual apenas experimenta mejora real. Aunque pueda encontrar cobertura en determinadas cláusulas convencionales, desde el punto de vista sindical supone vaciar de contenido el objetivo redistributivo del salario mínimo.
El segundo es el denominado “aplanamiento salarial”. Cuando el SMI aumenta pero las tablas salariales de convenio no se actualizan en su conjunto, distintas categorías profesionales terminan situándose muy cerca del mínimo legal. Por citar un caso, esto está pasando actualmente el sector asegurador donde FeSMC-UGT está denunciando que la estructura salarial global del sector tiende hacia el SMI a pesar de los beneficios récord de sus empresas.
Estamos una compresión de la estructura retributiva que diluye las diferencias salariales ligadas a responsabilidad, cualificación o experiencia. En sectores como comercio, contact center o determinados servicios externalizados (multiservicios), entre otros, el SMI empieza a funcionar como referencia salarial y no como suelo salarial.
El SMI debe ser suelo, no techo
Es necesario insistir en una idea básica: el SMI debe ser un mínimo de referencia salarial, no un estándar hacia el que converjan las tablas salariales. Su función es garantizar que nadie cobre por debajo de ese umbral, no fijar el salario medio de amplias capas del sector servicios.
Dignificar el salario mínimo es imprescindible, pero mejorar el conjunto de la estructura salarial del sector Servicios es el verdadero desafío
Las progresivas subidas del SMI desde 2018 han demostrado que mejorar salarios no destruye empleo, sino que fortalece la economía, impulsa la demanda interna y reduce desigualdades. En los servicios privados más precarizados, el salario mínimo ha sido una auténtica red de protección para millones de personas trabajadoras. Pero el SMI debe ser también un motor que tire de los salarios hacia arriba, y no al revés. Y eso hay que batallarlo en la negociación colectiva de varios de nuestros sectores de servicios.
Ahora el reto es consolidar ese avance, evitar prácticas de absorción que neutralicen las subidas, reforzar la negociación colectiva sectorial y garantizar que las escalas salariales evolucionen de manera coherente. Porque dignificar el salario mínimo es imprescindible, pero mejorar el conjunto de la estructura salarial del sector Servicios es el verdadero desafío si queremos un reparto más justo de la riqueza en los servicios privados. Y en eso estamos.





