El caso «Maricarmen» actúa como espoleta que saca a la luz algo más que un desahucio, pone en el foco el deterioro constante impulsado desde el poder de un modelo de sociedad mínimamente equilibrado. Invita a poder afirmar sin ningún tipo de duda el encontrarnos ante un sistema fallido para la inmensa mayoría de la sociedad y solo beneficioso para unos pocos, los poderosos.
Para esa minoría que permanece impasible ante el desahucio de sus casas a personas vulnerables sin importarles su futuro con el único fin de seguir haciendo negocio, esa poderosa minoría que sigue perseverando en desmantelar lo público para obtener beneficios mediante la privatización de la sanidad, de la educación e incluso del sistema de pensiones en nuestro país, esa poderosa minoría que entiende que subir los salarios, incrementar el SMI, garantizar que los pensionistas puedan vivir con dignidad o las personas puedan tener derecho a la vivienda, a la sanidad o a la educación, para ellos todo esto es secundario, lo importante para ellos es rescatar a la banca, obtener grandes beneficios con la venta de armas y someter a la sociedad a una inflación disparada para continuar llenándose los bolsillos con la energía.
También el caso Maricarmen actúa como espoleta para sacar a la luz la catadura moral de la clase política de este país. Subir el insulto político y dividir a la sociedad funciona como un mecanismo esencial para que la clase política opere lejos de los problemas reales de la ciudadanía y el odio instaurado en la sociedad es el plato perfecto para dividir, enfrentar y no avanzar en derechos. Ante esta situación, cabe plantearse una reflexión: si los poderosos actúan sobre la clase política para condicionar sus decisiones, ¿por qué molesta tanto en algunas esferas de este país que la sociedad y los sindicatos actuemos contra las decisiones políticas, sociales y económicas que lesionan derechos de la ciudadanía mediante la convocatoria de una huelga general que debe convertirse en una gran jornada pacifica de reivindicación? Una huelga general que actúe sobre un sistema fallido para una sociedad y sobre personas trabajadoras que no pueden acceder a una vivienda a causa de la especulación y ven como los incrementos salariales se ven dinamitados por la inflación.
El Rel Decreto sobre la vivienda es uno más de tantos votados en contra precisamente por aquellos partidos que defienden el poder. No a la revaloración de las pensiones, No al escudo social durante la pandemia, No a la subida de salarios, No a la reforma laboral, No al incremento del SMI, No a fomentar la igualdad entre hombres y mujeres. Sí, eso se llama defender al poder y merece respuesta.
También Maricarmen sitúa con claridad que este país necesita políticas progresistas más valientes, más cercanas a dar solución a lo cotidiano, capaces de incidir con certeza en lo macroeconómico pero también con capacidad de dar respuesta eficaz a los problemas de los barrios, que en definitiva son los problemas de la gente. Hay que cambiar el modelo, hay que eliminar el modelo de los amigos del trumpismo para atacar de forma real los problemas de las personas en su día a día, en su vida diaria.
La convocatoria de una Huelga General también alza la voz de la ciudadanía en el «basta ya». Basta ya de políticas basadas en el y «tú más», en el odio y en la confrontación. Es momento de que los partidos políticos cumplan con la obligación de trasladar a la ciudadanía cuál es su proyecto real de país. Vivienda, Sanidad, Educación, Pensiones, Salarios deben estar en el centro de la campaña electoral y permanecer presentes en el debate y en la solución durante la próxima legislatura.
El 11 M nos sobran los motivos, a la ciudadanía en general y a las personas trabajadoras en particular de convocar una Huelga General, que llene las calles y las plazas de este país del sentimiento generalizado de reclamar políticas útiles, y también políticos que gobiernen para el conjunto de la sociedad y no solamente para los intereses de unos pocos. Por un país y una Europa que avance en derechos sociales y no hacia un modelo de constante precarización y deterioro de lo público en favor del insaciable poder.





