Las recientes declaraciones del presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, calificando el incremento de las bajas laborales –él utiliza el término «absentismo»– como un «cáncer» para la economía y proponiendo reducir la protección económica de quienes se encuentran en situación de Incapacidad Temporal (IT) reflejan una preocupante superficialidad en el análisis del problema (impropio de un responsable político que podría llegar a ser presidente del Gobierno de España). En todo caso, vayamos a lo importante: ¿Por qué cada vez hay más trabajadores que enferman? Este es el meollo de la cuestión porque resulta que casi el 80% de lo que ellos llaman «absentismo» resulta que es incapacidad temporal por enfermedad.

La importancia del lenguaje

Pero antes de entrar en materia, merece una reflexión aparte la utilización del término «cáncer» para describir el incremento de las incapacidades temporales. Quien aspira a presidir un país debería ser especialmente cuidadoso con las palabras que elige. El cáncer no es una metáfora política ni económica. Es una enfermedad que cada año golpea a cientos de miles de personas y de familias, que provoca sufrimiento, incertidumbre y, demasiadas veces, pérdida. Convertir esa realidad en un recurso retórico para referirse a un problema de gestión resulta profundamente desafortunado.

Desde UGT llevamos tiempo insistiendo en que el lenguaje condiciona la forma de abordar esta realidad. Nos incomoda profundamente que se utilice como un automatismo el término “absentismo” para referirse a procesos de incapacidad temporal derivados de una enfermedad acreditada por profesionales sanitarios.

Ángel Nicolás, presidente de la patronal castellano-manchega CECAM y vicepresidente de CEOE, llegó a calificar de «memos» a muchos jóvenes que solicitan una incapacidad temporal «porque les ha dejado la novia»

Hablar de absentismo (un marco referencial sesgado que han asumido los medios de comunicación y extendido a la opinión pública) induce a pensar en una ausencia voluntaria, en alguien que decide no acudir a su puesto de trabajo, porque sí. La realidad es muy distinta, y es que estamos hablando de personas enfermas, con un diagnóstico médico y una incapacidad temporal reconocida por el sistema sanitario.

Las causas

Resulta llamativo que algunos responsables políticos y determinados sectores empresariales hablen la mayor parte del tiempo del coste económico de las bajas y dediquen apenas unos segundos a analizar las causas que las provocan. Porque los datos demuestran que la inmensa mayoría de esos procesos tienen detrás enfermedades reales, muchas de ellas relacionadas con el deterioro físico acumulado tras años de trabajo o con problemas de salud mental que han experimentado un incremento significativo durante los últimos años (también una visibilización social que, afortunadamente, ha animado a muchas personas a acudir a un profesional sanitario ante un problema psicológico o emocional).

Durante mucho tiempo la salud mental ha sido abordada como una cuestión menor dentro del mundo laboral. Pero la sociedad empieza a comprender que la ansiedad, la depresión o el estrés son enfermedades que requieren atención, tratamiento y protección. Y no pocas veces estamos ante patologías que tienen su causa en el ámbito laboral.

Sin embargo, todavía escuchamos discursos que banalizan esta realidad. Hace apenas unas semanas el señor Ángel Nicolás, presidente de la patronal castellano-manchega CECAM y vicepresidente de CEOE, llegó a calificar de «memos» a muchos jóvenes que solicitan una incapacidad temporal porque les «ha dejado la novia». Aquellas declaraciones, pronunciadas precisamente durante una jornada organizada por la CEOE sobre “absentismo laboral”, reflejan el grado de incomprensión y falta de empatía de muchos responsables empresariales y políticos. Este es el nivel.

La mejor política frente a las bajas laborales siempre será prevenir el daño antes de que aparezca, proteger la salud durante toda la carrera profesional

Los datos son reveladores: los problemas de salud mental representan ya en torno al 15 % de los procesos de incapacidad temporal, mientras que las patologías musculoesqueléticas continúan siendo la primera causa de baja laboral en España. Además, los procesos relacionados con la salud mental figuran entre los que presentan una mayor duración media, lo que evidencia la necesidad de actuar sobre las causas que los provocan y no únicamente sobre sus consecuencias.

Precisamente por esa razón, desde FeSMC-UGT llevamos años defendiendo el reconocimiento de la penosidad de determinadas profesiones mediante la aplicación de coeficientes reductores que permitan acceder a la jubilación anticipada. La mejor política frente a las bajas laborales siempre será prevenir el daño antes de que aparezca, proteger la salud durante toda la carrera profesional y permitir que quienes han soportado condiciones especialmente penosas puedan retirarse antes de que su trabajo termine deteriorando irreversiblemente su salud.

Y existe otra realidad sobre la que curiosamente apenas se habla cuando se ponen sobre la mesa las cifras del coste económico de la incapacidad temporal: el deterioro de nuestro sistema público de salud.

Deterioro de la sanidad pública

Miles de personas trabajadoras permanecen de baja durante meses esperando una resonancia, una consulta con un especialista, una prueba diagnóstica o una intervención quirúrgica. No continúan de baja porque quieran seguir en casa. Permanecen en situación de Incapacidad Temporal porque el sistema público de salud no puede ofrecerles una respuesta en un plazo razonable. Y mientras esa respuesta se dilate en el tiempo, la baja por enfermedad también se alarga.

Miles de personas trabajadoras permanecen de baja durante meses esperando una resonancia, una consulta o una prueba diagnóstica porque el sistema público de salud no puede ofrecerles una respuesta en un plazo razonable

Basta observar lo ocurrido en algunas comunidades autónomas, con la de Madrid (a la vanguardia de una privatización encubierta de la sanidad pública), para comprobar cómo el debilitamiento deliberado de los servicios públicos termina repercutiendo directamente sobre la salud de la población trabajadora. Cuando faltan profesionales sanitarios, cuando las listas de espera se disparan, cuando la Atención Primaria pierde capacidad de respuesta o cuando se favorece el trasvase constante de recursos hacia la sanidad privada, quienes pagan las consecuencias son las personas trabajadoras, que permanecen más tiempo enfermas y más tiempo alejadas de sus puestos de trabajo. Ésa sí es una realidad sobre la que convendría escuchar propuestas concretas.

Propuestas sindicales

La solución pasa por reforzar la prevención de riesgos laborales, mejorar la vigilancia de la salud en las empresas, integrar la salud mental como una prioridad real de las políticas preventivas, combatir los riesgos psicosociales y recuperar la fortaleza de nuestro sistema nacional de salud para que nadie tenga que esperar semanas para una cita con su médico de cabecera, o meses para una prueba diagnóstica o una intervención quirúrgica.

Desde UGT nunca hemos negado que el incremento de la incapacidad temporal plantea desafíos importantes para nuestro mercado laboral. Lo que rechazamos es que la respuesta pase por culpabilizar a quienes enferman o por reducir la protección social de quienes atraviesan una situación especialmente difícil.

Un político competente no combate las bajas laborales señalando a los trabajadores y trabajadoras enfermos. Un político competente combate las causas que los enferman. Y eso exige políticas públicas, empresas comprometidas con la salud laboral, una sanidad pública fuerte y dirigentes políticos capaces de abordar problemas complejos sin caer en titulares fáciles ni en discursos frívolos. Seamos serios, por favor.

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