Como cada 8 de marzo, con motivo de la celebración del Día Internacional de las Mujeres, FeSMC‑UGT continúa apostando por la defensa de una igualdad plena y efectiva entre mujeres y hombres.

Esta fecha sigue siendo un recordatorio imprescindible, pues la desigualdad de género continúa presente en todos los continentes, atraviesa la vida de todas las mujeres y niñas del mundo, y aunque se han conquistado derechos fundamentales, aún persisten brechas profundas que requieren la acción sostenida y contundente del sindicalismo feminista. El 8M es también un homenaje a la lucha histórica de mujeres y niñas por sus derechos laborales, sociales, políticos y económicos, un reconocimiento al legado de las que nos precedieron en la lucha y abrieron camino y una llamada a seguir construyendo sociedades libres de violencia y discriminación.

En 2026, millones de mujeres siguen enfrentándose a violencias, abusos y trato desigual tanto en sus hogares como en sus entornos laborales y comunitarios. La falta de oportunidades para formarse, acceder a ingresos dignos, participar en la vida pública o ejercer liderazgo continúa siendo una realidad. La feminización de la pobreza se mantiene.

“La mayoría de las personas en situación de pobreza en el mundo son mujeres, con menor acceso a recursos, poder e influencia”

Además, factores como la clase social, la edad, la etnia, la discapacidad o las creencias religiosas agravan estas desigualdades. Estos factores de discriminación múltiple se interrelacionan y tienen también múltiples consecuencias que van desde la exclusión social hasta la violencia.

En un contexto de creciente inestabilidad a nivel internacional, marcado por las locuras de un presidente que ha decidido solucionarlo todo a bombazos y saltándose el derecho internacional, nos encontramos con que el mantenimiento de la paz se ha convertido en un elemento crucial para gran parte de las mujeres en el mundo. En 2026, la ruptura de la paz golpea directamente a la clase trabajadora, poniendo en riesgo su seguridad, su sustento y su vida. Pero golpea, especialmente, a las mujeres y niñas que sufren un impacto aún más brutal en los conflictos armados, donde siguen siendo tratadas como botín de guerra, y la violencia sexual continúa utilizándose como arma de terror. Como afirmó Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres: “Las mujeres siguen pagando el precio de las guerras de los hombres”.

En estos días nuestro pensamiento sigue estando con las mujeres ucranianas, con las mujeres palestinas, con todas las mujeres que llevan años sufriendo la crueldad de la guerra, cómo no, nuestro pensamiento está con las mujeres iraníes, que viven en medio de un sistema político restrictivo y represivo, de una tiranía religiosa que las discrimina y las oprime con la peor crueldad, en medio de la creciente tensión internacional que ejercen Israel y EE.UU. Este sistema institucionalizado de discriminación y opresión basado en el género, que impone un Estado o estructuras de poder para perpetuar la dominación sobre las mujeres, se reproduce también en otros lugares del mundo, como Afganistán.

“La falta de reconocimiento legal del apartheid de género como un crimen de derecho internacional es un vacío legal que debe ser abordado

Actualmente, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional contempla la persecución por motivos de género como un crimen de lesa humanidad, pero no recoge el carácter sistemático e institucionalizado de la opresión que define el apartheid de género, dejando sin una respuesta contundente a millones de mujeres y niñas que viven bajo sistemas de discriminación extrema y perpetúa la impunidad de los regímenes que los imponen.

Un reto complicado en un contexto de avance de políticas antifeministas, de movimientos reaccionarios, de intento de retroceder en los derechos de las mujeres.  En 2026 continúa el retroceso de derechos en numerosos países. El Foro Económico Mundial, en su informe Global Gender Gap Report 2025, advierte que al ritmo actual tardaremos aún 123 años  en alcanzar la paridad completa a nivel global. El auge de la extrema derecha, la polarización política, los discursos negacionistas y de odio, la desigualdad creciente y la inestabilidad internacional están erosionando derechos que se consideraban consolidados. La ofensiva contra las políticas de igualdad y diversidad, así como el retroceso en derechos sexuales y reproductivos, son señales preocupantes.

Como lo son también los ataques y agresiones que reciben las mujeres que alzan la voz, que no se callan y que, por tanto, incomodan. Ese acoso y la violencia machista que reciben, no solo vulneran derechos individuales, sino que minan los cimientos de sociedades justas, libres y democráticas. Los movimientos reaccionarios de sectores de ultraderecha y de la derecha más rancia han alentado en los últimos tiempos una escalada de acoso digital, amenazas y violencia hacia las mujeres, y en especial hacia aquellas que utilizan la comunicación para combatir sus bulos y sus mentiras, como son, especialmente, las mujeres periodistas. Es el reflejo de una violencia estructural que nos afecta a todas y que se intensifica cuando se ejerce la libertad de expresión y el derecho a informar. Pero su intención no solo es silenciarlas a ellas como profesionales, sino también amedrentar a todas aquellas que defienden la igualdad y los derechos de las mujeres. Como sociedad, nos urge posicionarnos para frenar esos discursos que deshumanizan a las personas y que alientan las violencias que terminan ejerciendo, que afectan a la vida diaria, la seguridad y el bienestar emocional de millones de mujeres.

Los sindicatos de clase somos una pieza clave para fortalecer las democracias, transformar la sociedad y avanzar en derechos laborales y sociales. Allí donde el sindicalismo tiene fuerza, la vida de la clase trabajadora mejora. Por eso es fundamental reforzar la acción sindical para combatir los discursos de odio y las ofensivas contra la igualdad. En un sistema económico como el nuestro, basado en relaciones laborales desigualitarias, un sistema económico clasista, machista, homófobo, racista, un sistema, además, que provoca enfrentamiento o al menos intenta provocar enfrentamientos entre las personas trabajadoras, entre las que tienen trabajo y las que no lo tienen, entre las mujeres y los hombres, entre las que están en activo y las que están jubiladas,  entre las que vivimos aquí y las que viven de fuera. En FeSMC-UGT sabemos que es necesario cambiar las causas que originan estas desigualdades. Pero debemos reconocerlas para combatirlas porque la igualdad es un derecho esencial que forma parte consustancial de nuestra democracia.

“No puede haber igualdad social si no hay igualdad laboral, empezando por la equidad económica, no puede haber igualdad laboral sin igualdad salarial”

En este contexto, la Vicesecretaría General de FeSMC-UGT presenta un informe que evidencia las desigualdades estructurales de género aún presentes en el mercado laboral, especialmente en los sectores de Servicios, Movilidad y Consumo.

Así, según la Encuesta de Población Activa correspondiente al cuarto trimestre de 2025, en el mercado de trabajo español, de las personas en edad de trabajar hay 24,9 millones de personas activas (58,9%) y de ellas 11.752.800 son mujeres (47,2%), la tasa más alta de mujeres empleadas hasta el momento. En 2025 se superó la cifra de 11 millones de mujeres trabajando, consolidando una tendencia positiva impulsada por la reforma laboral. Este hito no es solo una cifra, sino un cambio real que impacta positivamente en la sociedad.

Si bien las mujeres siguen teniendo mayor presencia en los sectores de actividad más precarizados. Así, nos encontramos con ramas de actividad muy feminizadas, con un alto porcentaje de mujeres ocupadas, como es el caso de las Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico, con un 88% de mujeres ocupadas u Otros Servicios, con un 65,5%.

Dentro de las personas asalariadas, tanto los hombres como las mujeres trabajan mayoritariamente en el sector privado, pero el porcentaje de mujeres empleadas en el sector público es mucho mayor que en el caso de los hombres. Concretamente, el 23% de las mujeres trabaja en el sector público frente a tan solo el 15,3% de los hombres.

Si bien la Tasa de Temporalidad femenina ha caído 10 puntos en los últimos años, la Tasa de Parcialidad, lejos de reducirse, suma 5,3 puntos a la de hace 23 años (16,9%), aunque baja un punto respecto al año anterior. La brecha en las tasas de parcialidad por sexo en los sectores de FeSMC-UGT (19,2 puntos) es mucho más alta que la registrada por el conjunto de los sectores (15 puntos). El tiempo parcial penaliza doblemente. Por un lado, se percibe una retribución inferior por realizar una menor jornada. La penalización salarial de las personas que trabajan a tiempo parcial tiene que ver con la propia naturaleza del contrato y, sobre todo, con el modo en que se asignan los complementos salariales. Pero es que, además, la jornada a tiempo parcial no solo penaliza a las mujeres durante su vida activa por los bajos ingresos, sino también tras la jubilación, convirtiéndose en un factor determinante de la brecha de pensiones.

Al analizar las ocupaciones de las personas trabajadoras en sus empresas, se aprecia una clara segregación en los puestos de dirección a favor de los hombres (4,6%) en detrimento de las mujeres, que solo acceden a esas posiciones en un 2,7%. Esta desigualdad en el reparto de tareas tiene, como consecuencia lógica, una desigualdad en materia de retribución.

A pesar de las diferencias señaladas en cuanto a los puestos de dirección, se constata que el sistema de cuotas aumenta la proporción de mujeres en los consejos de administración y acelera el progreso. En los países que tienen este tipo de cuotas legislativas, la proporción media de mujeres en los consejos de administración es del 40,8%.

En los sectores de actividad que engloba la acción de la Federación de Servicios, Movilidad y Consumo de UGT (FeSMC-UGT) las mujeres percibieron 7.234 euros anuales de media menos que los hombres en 2024. Es decir, mientras los trabajadores tuvieron un salario medio anual de 26.209 euros, las trabajadoras tan solo recibieron un salario medio anual de 18.976 euros. La cifra de brecha salarial se situó en un 27,6%, lo que supone 8 décimas menos que en 2023, pero por encima de la media global en todos los sectores de actividad del mercado de trabajo, que se situó en el 18,8%.

Para avanzar, es imprescindible una agenda sindical feminista que garantice la participación activa de las mujeres en los espacios de decisión y liderazgo. Así, para integrar la perspectiva de género de forma real, exige que las mujeres estén presentes en la negociación colectiva, en la adopción de acuerdos y en la definición de estrategias.

Combatir los estereotipos, la violencia y fortalecer el liderazgo de las mujeres debe ser una prioridad en todos los sectores. La erradicación de la violencia machista debe abordarse de manera transversal: en los planes de igualdad, en la negociación colectiva, en la acción sindical y en la dinámica interna de la federación. La igualdad solo puede entenderse desde la eliminación de todas las violencias hacia las mujeres.

Algunas de las reivindicaciones de UGT en este 8 de marzo son el incremento del SMI hasta situarlo en el 60% de la media salarial, medida que beneficia mayoritariamente a las mujeres. Exigimos una mayor transparencia salarial que garantice la igualdad retributiva entre mujeres y hombres.  Erradicar la violencia machista en los centros de trabajo. Dignificar el sector de los Cuidados, dotando de condiciones dignas a las personas, en su mayoría mujeres, que se dedican de manera remunerada a esta labor. Avanzar hacia la corresponsabilidad real y efectiva. Insistir en la necesidad de contar con permisos retribuidos para el cuidado familiar, para que estos cuidados no obstaculicen la carrera profesional de las mujeres.

El 8 de marzo debe servir para consolidar lo logrado y seguir avanzando hacia una sociedad igualitaria, corresponsable y justa. La igualdad no es un objetivo de un solo día, sino un compromiso permanente para toda la federación. El cambio hacia una sociedad más justa, inclusiva y equitativa vendrá, no lo dudéis, de la mano de las mujeres y del sindicalismo feminista.

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