La prevención del suicidio también debe abordarse desde el ámbito laboral, teniendo en cuenta los factores de riesgo psicosociales que pueden afectar a las personas trabajadoras, como el estrés laboral crónico, las cargas de trabajo excesivas, el burnout, el acoso laboral o sexual, la inseguridad laboral o los acontecimientos traumáticos.
La prevención requiere fomentar entornos de trabajo saludables, redes de apoyo y una comunicación abierta sobre la salud mental, además de formar y sensibilizar al personal, detectar de forma temprana las señales de alarma, establecer protocolos de intervención y garantizar el seguimiento y apoyo continuado.