UNI Global Union, de donde es miembro UGT, conmemora el Día Internacional de la Justicia el 15 de junio enfocándose en los derechos laborales, la dignidad y el trabajo decente, en particular para sectores vulnerables como el personal de seguridad
En esta fecha, la central sindical internacional organiza campañas globales para exigir salarios dignos y entornos laborales seguros. Este año la organización ha centrado su reivindicación en las consecuencias físicas que suponen para las personas trabajadoras el clima extremo.
Coincidiendo con el Día Internacional de la Justicia, UNI Global Union presenta el informe «Capeándolo: Cómo afrontar las inclemencias del tiempo: Protegiendo a vigilantes de seguridad en una era de clima extremo», un estudio basado en las respuestas de 5.857 trabajadores y trabajadoras de los sectores de seguridad de 21 países europeos.
El estudio alerta de que las olas de calor, las tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos están empeorando sus condiciones laborales.
Los resultados ponen de manifiesto una realidad cada vez más evidente: la crisis climática no es únicamente un desafío ambiental, sino también una cuestión laboral que afecta directamente a la salud, la seguridad y los derechos de millones de personas trabajadoras, señala Diego Giráldez.
La encuesta revela que el 62% de los y las participantes considera que los fenómenos meteorológicos extremos han hecho su trabajo más difícil o más peligroso durante los últimos tres años. Asimismo, el 71% afirma haber sufrido al menos un impacto en su salud física relacionado con las condiciones climáticas extremas, mientras que un 35% asegura haber perdido turnos de trabajo como consecuencia de estos episodios.
En este sentido, las personas encuestadas españolas representan el porcentaje más elevado de trabajadores que afirman sufrir los efectos de las altas temperaturas y otros fenómenos meteorológicos extremos en sus condiciones laborales. Entre las afecciones más señaladas destacan la fatiga, el agotamiento físico, la deshidratación y el estrés térmico. Estos resultados sitúan a España por encima de la media europea en percepción e impacto de los riesgos asociados al clima extremo en el trabajo.
- En relación con la exposición al calor extremo durante los últimos tres años, el colectivo presenta una incidencia significativamente superior en España, donde el 83,03% de las personas encuestadas afirma haberse visto afectada, frente al 62,90% registrado como media europea.
- En lo que respecta al estrés térmico, la incidencia en España alcanza el 84,90% de las personas encuestadas, situándose muy por encima de la media europea, que se sitúa en el 46,90%. Este dato pone de manifiesto una mayor exposición y vulnerabilidad de los trabajadores españoles frente a las condiciones climáticas extremas en comparación con el conjunto de Europa.
- La percepción de dificultades para lograr mejoras por parte de las empresas alcanza al 83,90% del colectivo en España, superando la media europea del 75,90%, lo que evidencia una mayor preocupación por la respuesta empresarial frente a los riesgos asociados al clima extremo.
- La afectación por estrés físico y mental derivado del clima extremo alcanza al 78,6% del colectivo en España, situándose muy por encima de la media europea (57,90%), lo que evidencia una mayor incidencia de estos riesgos entre las personas trabajadoras españolas.
- Lo mismo ocurre en los casos de deshidratación, golpes de calor, dolores de cabeza y malestar general en los que España supera en un 5% a los demás paises europeos.
- Esto repercute en las enfermedades respiratorias que se elevan a un 26,45% frente a un 20,90% en el resto de Europa.
Los resultados de la encuesta ponen de manifiesto que las empresas presentan importantes carencias a la hora de adoptar medidas destinadas a mitigar los efectos del clima extremo sobre las personas trabajadoras. Especial preocupación genera el hecho de que casi una de cada cuatro empresas no haya implantado ninguna medida específica de protección frente al aumento de las temperaturas, las alertas meteorológicas y los riesgos asociados al trabajo en exteriores o en instalaciones insuficientemente acondicionadas. Entre las principales deficiencias detectadas destacan la insuficiente habilitación de áreas de refugio, la falta de equipamientos de protección adecuados y la escasa adaptación de los periodos de descanso. Asimismo, se observan carencias especialmente críticas en materia de formación en salud laboral y en la implantación de protocolos y procedimientos de actuación ante situaciones de emergencia relacionadas con fenómenos climáticos extremos.
Para UGT, estos datos constituyen una evidencia contundente de que el cambio climático debe abordarse también desde la negociación colectiva, la legislación laboral y las políticas de prevención de riesgos laborales.
«Los trabajadores y trabajadoras de seguridad están en primera línea frente a los efectos del cambio climático. Son quienes mantienen operativos edificios, infraestructuras y servicios esenciales, incluso durante olas de calor extremas, tormentas o fenómenos meteorológicos adversos. Sin embargo, demasiadas veces lo hacen sin la protección adecuada», señala Diego Giráldez.
El informe identifica medidas concretas, realistas y perfectamente asumibles para proteger a las plantillas, entre ellas:
- Acceso garantizado a agua potable durante la jornada.
- Descansos adicionales y adaptados a las condiciones climáticas.
- Espacios de sombra, refugio o climatización.
- Uniformes y equipos adecuados para condiciones meteorológicas extremas.
- Derecho efectivo a rechazar tareas inseguras sin sufrir represalias.
Desde el sindicalismo europeo se destaca que estas reivindicaciones no son nuevas, pero sí cada vez más urgentes. El aumento de las temperaturas extremas y la frecuencia de fenómenos meteorológicos severos exigen una respuesta inmediata por parte de gobiernos, empresas y autoridades laborales.
Además de ofrecer una visión general europea, el estudio incorpora un desglose detallado por países, proporcionando a sindicatos y representantes de los trabajadores herramientas sólidas para reforzar la negociación colectiva, impulsar campañas legislativas y defender mejoras concretas en cada territorio.
El mensaje que deja esta investigación es claro: proteger a quienes trabajan frente a los efectos del clima extremo no es una opción, sino una obligación. La justicia climática y la justicia laboral deben avanzar de la mano para garantizar empleos seguros, dignos y sostenibles en el futuro.
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