Una recuperación justa no será posible sin derogar la reforma laboral

Tras nueve años de la entrada en vigor de la ley de reforma laboral, el mercado de trabajo ha ido a peor, volviéndose más inestable y con salarios más bajos

Mañana hace nueve años de la entrada en vigor de la ley de la Reforma Laboral de 2012 (RDL 3/2012, de 10 de febrero, posterior Ley 3/2012 de 6 de julio) una norma que tenía como objetivos principales fomentar la creación de empleo, favorecer la contratación indefinida y reducir la dualidad laboral así como favorecer la flexibilidad interna de las empresas como alternativa a la destrucción de empleo o mejorar la empleabilidad de los trabajadores, pero los datos confirman que la reforma fue un fracaso rotundo ya que no consiguió ninguno de estos objetivos, en la mayoría de los casos los empeoró.

La realidad es que la reforma laboral del 2012 sólo consiguió agravar los problemas estructurales del mercado laboral español y generar mayor desempleo, precariedad, temporalidad y fomentar los bajos salarios y las irregularidades en la contratación.

Fue y es un instrumento para debilitar los derechos de los trabajadores, desequilibrando a favor del empresario la estructura de la negociación colectiva y la posibilidad de articular la relación laboral. Derivado de ello, se retrasó, una vez finalizada la crisis, la posibilidad de recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores y se precarizó aún más el mercado laboral.

La extrema debilidad de ese mercado de trabajo obligó a la regulación de los ERTE realizada de manera urgente en el marco del diálogo social para hacer frente a la pandemia de Covid-19 y evitar la debacle social de una masiva destrucción de empleo.

Facilitar el despido tuvo consecuencias. Más despidos

Uno de los pilares de la reforma era facilitar el despido, para ello, era primordial abaratarlo, rebajando las indemnizaciones de 45 días por año a 33, y de un máximo de 42 mensualidades a 24). Además, la norma establecía causas muy laxas para justificarlos y suprimía la necesidad de autorización administrativa en los despidos colectivos. En suma, un despido más fácil y más barato.

Como no podía ser de otro modo, esto incentivó el uso del despido en lugar de otras formas de ajuste menos traumáticas lo que lejos de fomentar la creación de empleo, alentó su destrucción. No es casualidad que 2012 fuera el ejercicio con mayor número de despidos de contratos indefinidos de la historia, 777.000, lo que se tradujo en la segunda mayor pérdida total de empleo de la historia, 788.700 ocupados, solo por detrás de la sufrida en 2009 (1.362.800).

Generalización de la precariedad y aumento de la parcialidad

La reforma no generó empleo, pero sí contribuyó a elevar los niveles de precariedad del empleo generado. La temporalidad no ha dejado de crecer desde entonces se puede afirmar sin ambages que hoy el empleo es de peor calidad: más inestable, menos seguro y peor pagado, por eso la productividad del trabajo ahora es negativa, lo que supone una anomalía en una economía avanzada.

Además, gracias a la mayor discrecionalidad otorgada al empresario en la gestión del empleo con la reforma de 2012 asistimos a un auge del contrato a tiempo parcial y del aumento de la rotación laboral.

Movilizaciones para exigir su derogación

Por todo ello, la Unión General de Trabajadores y Trabajadores (UGT) ha luchado contra ella y ha reivindicado su derogación durante todo este tiempo.

El sindicato recuerda que durante los meses de pandemia dejó en un segundo plano esta y otras reivindicaciones para centrarnos en las preocupaciones urgentes generadas por la crisis sanitaria pero ahora vuelve a retomarlas con fuerza para evitar que los trabajadores y las trabajadoras sean una vez más quienes paguen las consecuencias de una situación que no han provocado ellos.

UGT anima a la participación de la ciudadanía en las movilizaciones del próximo 14 de julio porque no podemos salir de esta crisis como en ocasiones anteriores, con un recorte de derechos. Es necesario avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria y lograr una recuperación para todo el mundo, y esto no será posible sin la derogación de una norma injusta y sin aprobar una contrarreforma que cree empleo digno y con derechos.