Opinión

Álvaro Vicioso | Sº de Acción Sindical y Comunicación FeSMC-UGT

Álvaro Vicioso | Sº de Acción Sindical y Comunicación FeSMC-UGT

En defensa de la negociación colectiva sectorial estatal

En una reciente reunión celebrada en Bilbao, dos organizaciones sindicales de corte nacionalista (así se autodefinen) proclamaban pretensión de “defender el derecho a decidir y a negociar las condiciones laborales tanto en Euskal Herria como en Catalunya”. Acordaron la realización de “una campaña conjunta contra el actual modelo de estatalización de la negociación colectiva por entender que ha provocado una mayor precarización y empobrecimiento de la clase trabajadora, al dar prioridad a los convenios estatales sobre los provinciales y deteriorar los convenios sectoriales y de empresa”.

Para estas organizaciones, el empobrecimiento de las personas trabajadoras y la precariedad en el empleo, no es consecuencia del radicalismo neoliberal que nos acecha y de la reforma laboral que engendró, sino una consecuencia de la ‘estatalización’ de la negociación colectiva.

Vaya por delante que quizás debieran aclarar su concepto de ‘estatalización’ que a buen seguro no significa lo que define el diccionario, ya que la mayor parte de la negociación colectiva se produce en el ámbito de la empresa (el 81% de los convenios firmados en 2020), que no es estatal.

Pero no nos engañemos. Ya sabemos que cuando el nacionalismo habla de ‘estado’ en realidad hablan ‘de los otros’. Hasta hace poco con ello se circunscribían al ámbito de la política, pero ahora, es inevitable, a lo laboral y a la negociación colectiva.

Si nos dividen, nos vencen

Vayamos a lo nuclear. Lo nuclear es que, afirman que la descentralización de la negociación colectiva supone que las condiciones de contratación y salario mejoren… ¿mejoren, para quién?, ¿están seguros? ¿si eso fuera cierto, sería por igual en todos los sectores productivos?, ¿cómo afectaría a aquellos sectores de fácil deslocalización o a aquellos para los que los costes salariales son la mayor parte?

Muchas otras son las cuestiones que se les podría plantear. Entre otras, las relacionadas con su concepto de la solidaridad entre personas trabajadoras. Porque, contra toda evidencia parecen haber llegado a la conclusión de que dividir es vencer.

Y como el nacionalismo atiende más a las emociones que a las razones, en su comunicado se afirma dos cosas que, a mi juicio, son contradictorias. De un lado se manifiestan por la derogación de las reformas laborales. Todo el mundo sabe que UGT lo reclama desde el primer momento. Aunque, a continuación, afirman que se ha dado “prioridad a los convenios estatales sobre los provinciales y deteriorar los convenios sectoriales y de empresa”. Pero, ¿no sabemos ya todos que la Reforma Laboral de 2012 hizo exactamente lo contrario?

¿No afirma taxativamente el artículo 14, tres de la Reforma Laboral[1] (modificando el art. 84 del anterior texto del ET) que lo que se establece es la prioridad aplicativa del convenio de empresa en una buena serie de materias? ¿No es cierto que entre esas materias se encuentran las condiciones salariales, horas extraordinarias, horarios de trabajo, cuestiones de contratación y de conciliación…? Y si eso es así, que lo es, ¿en la última década, hemos mejorado o empeorado en materia de “precarización y empobrecimiento de la clase trabajadora”?

Fragmentación de la negociación colectiva: dumping laboral

Pero, ¿cuándo y cómo han llegado a la conclusión de que la división hace la fuerza?, ¿cuándo un sindicalismo, que se dice de clase, ha abandonado el concepto de solidaridad como elemento fundamental inspirador?, ¿o es que se ha creído a aquél que propone “si lo hago yo seguro que es mejor que lo tuyo”, siendo que lo “tuyo” es lo de todos?

Por el contrario, al menos en nuestro ámbito, hace tiempo que los sindicatos hemos llegado a la conclusión de que reunirse y concertar actuaciones con otros sindicatos nos hace más fuertes. Esa es la razón de ser de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) que tiene como lema “hablar con una sola voz en nombre de los trabajadores europeos para tener una voz más fuerte en la toma de decisiones de la UE”. También es la razón de ser de la unidad de acción de la UGT con CCOO, ser más fuertes.

Y es que, en un mundo globalizado, con una tendencia continuada a la deslocalización, la fragmentación de la negociación colectiva no supone sino la contribución a la constitución de un dumping laboral que, unido al siempre presente dumping fiscal, resultará letal para los intereses de trabajadoras y trabajadores.

Pero, seamos honestos, la tentación disgregadora de la negociación colectiva no es solo propia de las organizaciones sindicales nacionalistas. En ocasiones, aflora entre nosotros. Y es que en los tiempos en que vivimos todos tenemos cierta tendencia a incorporar elementos del lenguaje que nos son ajenos. Pero a estas alturas sabemos que las palabras no son inocentes. Unas menos que otras.

No pienses en un elefante

En la primera década del siglo se puso de moda, entre la política, un sociólogo de EEUU, George Lakoff, que publicó un libro titulado No pienses en un elefante. En inglés incorporaba un subtítulo, conoce tus valores, enmarca el debate. Lakoff entiende que los marcos son estructuras mentales que interpretan el mundo, y que cuando oímos determinada palabra se activa en nuestro cerebro un marco o colección de marcos. Por tanto, cambiar lo que determinadas palabras evocan, el marco, supone cambiar nuestro modo de ver el mundo.

En la situación a la que nos enfrentamos tenemos un buen ejemplo. El Estado es una forma de organización socio-política. Tú y yo no somos el Estado, ni siquiera somos miembros de un Estado. Tú y yo somos ciudadanos de un país, que se organiza a partir de determinado modelo de Estado. El problema es que, si el Estado es el mal y a nosotros se nos identifica con el Estado, nosotros también seremos el mal. Para estos colectivos que quieren destruir el concepto “la unión hace la fuerza”, el mal siempre son los otros. Y claro, si el mal son los otros nada me impedirá desentenderme de cómo les vaya a los otros. Nadie quiere ser solidario con el mal.

No es sino un botón de muestra de cómo la asunción de palabras ajenas, de significados ajenos, nos condicionan en nuestro hacer.

Por el contrario, cuando nosotros defendemos el convenio colectivo sectorial estatal no estamos atendiendo al Estado, no lo hacemos en función del modelo social y político de organización de la nación. Lo defendemos por las razones contrarias de las que tuvo la derecha política para modificar el Estatuto de los Trabajadores. Lo defendemos porque lo consideramos norma fundamental para promover la cohesión social. Porque es la que nos permite hacer frente a retos como la globalización, la sostenibilidad y los nuevos derechos fundamentales de la ciudadanía y de la clase trabajadora desde una perspectiva de igualdad. Lo defendemos porque es lo que nos permite establecer estrategias de garantías salariales que aseguren unos mínimos comunes en todo el territorio instaurando un sistema de rentas que reduzca los índices de pobreza y garantice una cobertura económica suficiente y adecuada a las personas en situación de necesidad. Esta fórmula y no otras dan la garantía de la igualdad como mínimo derecho necesario para la negociación en ámbitos inferiores.

Así que, compañeras y compañeros, no pensemos en un elefante, no empleemos el lenguaje del adversario, pensad tan solo en solidaridad. Es lo que nos define.

[1] Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral.

https://www.boe.es/boe/dias/2012/02/11/pdfs/BOE-A-2012-2076.pdf