Opinión

Álvaro Vicioso, adjunto Sª de Acción Sindical y Negociación Colectiva FeSMC-UGT

Álvaro Vicioso, adjunto Sª de Acción Sindical y Negociación Colectiva FeSMC-UGT

¿Se reducen las enfermedades profesionales o se dificulta su detección?

Es más que urgente un replanteamiento en los procedimientos por los que se reconocen las enfermedades profesionales (EEPP). Hay dos razones de peso, en cierto modo relacionadas, que tienen un impacto en la igualdad de todas las personas trabajadoras en el acceso a la adaptación de las condiciones de trabajo y en la protección que pueda derivarse del reconocimiento. Una tiene que ver con el excesivo peso de unas definiciones y procedimientos muy conectados en el contexto predominante de la producción industrial de principios del siglo XX. La otra, la insuficiente sensibilidad para identificar las dolencias y limitaciones específicas de los trabajos más feminizados.

En el informe elaborado al respecto por FeSMC-UGT observamos que un 42% de las EEPP en 2019 fueron de personas que trabajaban en alguna actividad del macro sector de servicios. Cuatro años antes esa proporción era del 35%. Y si atendemos a las mujeres, se pasa del 48% en 2014 al 57% en 2019.

La misma tendencia, se observa en relación con la edad: entre 2014 y 2019 se produce un incremento del 160% de EEPP en personas con 55 años o más.

Los datos analizados ponen de manifiesto que la identificación y reconocimiento de la enfermedad profesional requiere ser revisado para preservar la salud de las personas trabajadoras que tenga en cuenta los cambios en la organización del trabajo y la forma en que esta incide en su salud. Pero también, que el ajuste presupuestario y el marco normativo no implique un ajuste vía reducción de comunicados y de los consiguientes reconocimientos. El aumento de la población ocupada, independientemente de las oscilaciones en el empleo, no justifica esa reducción.

Las EEPP no aparecen inmediatamente, por lo que su visibilidad es menor, al igual que su repercusión en los medios de comunicación. Frecuentemente, médicos y Mutuas, objetan la relación causa-efecto entre la actividad laboral y la consecuente patología. Las consecuencias son graves.

El miedo al despido, contratos precarios y temporales, inhiben las denuncias por riesgo y hace que las personas trabajadoras se expongan más: se evita pedir la baja, se sigue realizando la misma actividad…Se agrava la enfermedad (caso de las lesiones musculo esqueléticas o las de origen psicosocial).

Así muchas EEPP se derivan al Sistema Nacional de Salud donde son tramitadas como enfermedad común. Lo que genera perjuicios a la persona trabajadora y al propio Sistema, en beneficio de las Mutuas.

Además, el tratamiento como enfermedad común impide la acumulación de datos que servirían de base para una eficaz acción preventiva y de diagnóstico precoz.

El hecho de que no estén incluidas específicamente patologías laborales de origen psicosocial dentro del cuadro de EEPP no contribuye a su correcta tramitación de muchas de estas enfermedades de origen laboral, y que están directamente relacionadas con la organización del trabajo.

También el factor de género se ha infravalorado en las políticas de salud laboral, teniéndose en cuenta solo en la protección de la maternidad y lactancia. Es necesario incluir esta perspectiva, lo que implicaría la atención a las diferencias en cuanto a la exposición a los riesgos, la prevención y las diferentes consecuencias que tienen.

Se debe tener también en cuenta por ejemplo la antropometría de la mujer en el diseño de puestos (altura, planos de trabajo), EPIs y útiles de trabajo. La falta de adaptación del diseño del puesto de trabajo a las características de las trabajadoras supone un mayor riesgo de sufrir trastornos musculoesqueléticos.

Los factores de riesgo a los que se encuentran expuestos los sectores de FeSMC-UGT y que pueden desencadenar una enfermedad profesional son principalmente los riesgos psicosociales y riesgos ergonómicos con posibilidad de daños musculoesqueléticos.

Son estos riesgos los que están menos identificados en las evaluaciones de riesgo, a diferencia de los riesgos de seguridad o higiene (más sencillos de identificar). Lo que, dificulta o impide planificar acciones encaminadas a eliminar o reducir los mismos.

Ergonomía y psicosociología se ignoran en la prevención y evaluación de riesgos laborales. Únicamente cuando hay requerimientos por parte de la Inspección de Trabajo o denuncias por parte de los representantes sindicales se llevan a cabo evaluaciones específicas.

Estas, son imprescindibles para determinar una relación entre las tareas desarrolladas y la enfermedad producida. Además, las medidas a adoptar, derivadas de la evaluación pueden impedir el desarrollo de nuevas patologías de origen laboral.

Es necesario para poder llegar a una correcta identificación de la EEPP, disponer de evaluaciones de riesgo específicas con metodología avaladas por entidades como el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, donde se identifiquen aquellos factores de riesgo, principalmente de origen psicosocial y ergonómico, que puedan generar una enfermedad profesional se indiquen medidas concretas, no genéricas para evitarlo.

Y para ello, los Comités de Seguridad y Salud en las empresas deben demandar del empresario estas evaluaciones, con atención especial a la ergonomía y riesgos psicosociales.

Son muchas las patologías de origen laboral que pasan inadvertidas a la profesión sanitaria o que equivocadamente no se relacionan con los riesgos a los están expuestos en el trabajo.

La vigilancia de la salud es fundamental en la detección precoz de posibles patologías. Para ello, el personal sanitario de los Servicios de Prevención debe disponer de la ratio adecuada de personas trabajadoras y empresas a las que dar servicio, para poder realizar una vigilancia de la salud tanto individual como colectiva de calidad y eficaz.

Y el personal sanitario de los Servicios Públicos de Salud debe contar con formación específica para poder determinar si la patología atendida es una enfermedad de origen laboral y derivar la actuación a la Mutua de Accidentes.

La Vigilancia de la Salud no puede tener como objetivo primordial la realización de reconocimientos médicos, “cuantos más mejor”, con el único objeto de aumentar la facturación del Servicio de Prevención Ajeno tal y como ocurre en los últimos años.

La falta de políticas de prevención, como ocurre al no tener en cuenta la edad y circunstancias físicas de la persona trabajadora impide que se realicen adaptaciones al puesto y esto puede hacer que aumente la enfermedad profesional en personas de mayor edad.  

Porque en las empresas con representación sindical hay más seguridad, ya que existe una mayor vigilancia y exigencia del cumplimento de la normativa de prevención.

La falta de representación sindical en la pequeña empresa impide que se conozcan y se denuncien situaciones de riesgo. Es imprescindible la creación de la figura del delegado territorial, que actúe empresas en las que no existe representación sindical.

La participación de las personas trabajadoras y sus representantes en la prevención de accidentes y enfermedades profesionales, resulta primordial para una efectiva integración de la prevención y reducir así la siniestralidad laboral.

Reclamamos una mayor actuación, con más medios, recursos y especialización de la Inspección de Trabajo, al igual que una mayor presencia en las empresas del personal técnico de los diferentes Institutos Regionales de las Comunidades Autónomas.

Las administraciones públicas deben implicarse más en este problema, visibilizándolo y concienciando a la sociedad mediante campañas y obligando y sancionando con más dureza la falta de cumplimento de la normativa laboral.

Realizar una mayor inversión en prevención y la creación de programas de políticas públicas en materia de seguridad y salud en el trabajo.

La tipificación de enfermedades profesionales debe prestar atención al nuevo contexto productivo y a la presencia de la mujer en el mundo laboral en términos de igualdad. A la digitalización, a la movilidad, a la precariedad, …Aspectos, todos ellos, en los que las dolencias psicosociales tienen su máxima expresión.