Opinión

Juana Grégori | Dpto. de la Mujer FeSMC-UGT

Juana Grégori | Dpto. de la Mujer FeSMC-UGT

Falsear la dramática realidad de la violencia de género es infame

Estupefactas, contrariadas, indignadas, aunque nunca sorprendidas por las nuevas declaraciones que se realizan en el Congreso de los Diputados por los portavoces de la ultraderecha. Ya lo sabíamos, ya lo esperábamos, teníamos la certeza que uno de los ataques feroces a realizar por la caverna era contra las mujeres y contra la Ley de Violencia de Género. Lo sabemos porque desde hace años la defensa de los derechos de las mujeres, en general, y de las que están padeciendo situaciones de violencia, en particular, hace que el sistema social, el patriarcado, sienta como tiembla el suelo bajo sus pies, pero es una triste desgracia aprovechar un momento en el que el porcentaje de mujeres que han sufrido situaciones de violencia ha aumentado exponencialmente durante la crisis del Covid-19.

Un tipo específico de violencia

La violencia de género es uno de los ataques más flagrantes a derechos fundamentales como la libertad, la igualdad, la vida, la seguridad y la no discriminación proclamados en nuestra Constitución. Es la manifestación más brutal de discriminación, que hunde sus raíces en las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. La desigualdad de género que es estructural, no es un destino inevitable. Por mucho que se pretenda gritar a los cuatro vientos que no existe, hay un consenso internacional que avala a la ley española, que fue una de las pioneras en tomar medidas concretas para acabar con esta lacra.

El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia hacia las mujeres y la violencia doméstica, también conocido como Convenio de Estambul, reconoce que la consecución jurídica y de facto de la igualdad entre mujeres y hombres es un elemento clave de la prevención de la violencia contra las mujeres.

Por eso, este tipo de violencia, aún en medio de un universo social en el que puede manifestarse la violencia de forma más genérica, presenta claves específicas, y esa es la diferencia y la  cuestión fundamental que la ultraderecha intenta esconder: formas específicas de legitimación de esta violencia, basadas no en la condición de personas sino de mujeres, y que se supone proceden de la conceptualización de las mujeres como inferiores y como propiedades de los varones, con una serie de pautas basadas, fundamentalmente, en las características sociales asignadas desde el nacimiento a cada género.

“Odio a los varones”

Pero, lo que creemos que ha sido un auténtico despropósito escuchado en el Congreso de los Diputados en estos días son mensajes fake basados y argumentados en la idea de “odio a los varones”, en los que se reiteran desde la ultraderecha una y otra vez, hasta que lo falso se perciba como verdadero. No es verdad que se estén realizando “millones de denuncias falsas” y que estén siendo aceptadas; según los informes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) de las denuncias registradas solo resultaron falsas el 0,01%. El CGPJ ha publicado desde el año 2001 informes sobre la violencia doméstica y de género. Estos documentos son públicos y están disponibles online en su página web para cualquiera que desee consultarlos.

También es una falsedad presentar la ley como una cuestión que beneficia al sexo femenino sobre el masculino. El Tribunal Constitucional ya avaló la constitucionalidad de la misma y su respeto al principio de igualdad recogido en el artículo 14 de la CE, aludiendo a que «se trata de una diferenciación razonable porque persigue incrementar la protección de la integridad física, psíquica y moral de las mujeres en un ámbito, el de la pareja, en el que están insuficientemente protegidas». No podemos olvidar que sólo en este año han sido asesinadas 21 mujeres, y han quedado registradas, desde 2003, 1054 casos.

Como se repite una y otra vez, los datos no muestran que los suicidios masculinos aumentan con la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 de medidas de protección integral contra la violencia de género, ni que las mujeres asesinen de igual manera a los varones en el seno de sus domicilios. Si los números y los porcentajes nos sirven en casi todas las materias sociales a estudiar y diagnosticar, resulta incomprensible que las cifras ofrecidas por la justicia sean desdeñadas en esa materia, considerándolas falsas, y resultantes de una conspiración en contra de los hombres.

El género sí tiene violencia

Podríamos seguir rebatiendo una y otra vez este tipo de argumentación orquestada para seguir manteniendo el argumento de que la “violencia no tiene género”, aunque como bien manifiesta siempre Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de género cuando se promulgó la ley: “al machismo no le interesa mostrar cómo desde la igualdad se rechaza y condena todo tipo de violencias”. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar: que “el género sí tiene violencia”.

Las mujeres, y en general todas las personas que luchamos por un mundo en igualdad sabemos que eso no es así: quien no quiere cambiar una realidad ventajosa utiliza una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte la niega y por otra la difumina… y entre lo que borra y lo que emborrona permite que la vida continúe en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así mantener sus privilegios, y seguir haciendo de una mentira una verdad absoluta.

No les dejaremos, nos tendrán enfrente en la defensa de las mujeres y los menores que sufren violencia de género en nuestro país y en todo el mundo.

Muertes en el trabajo – #NiUnaMuerteMás