La juventud en España: entre la Gran Recesión y la crisis del Covid-19

Fueron uno de los colectivos que vieron truncadas sus aspiraciones vitales por la Gran Recesión de 2008-2016. Ahora, cuando empezaban a materializar sus expectativas, llega un virus que paraliza la actividad productiva y genera un impacto económico que, aún, no podemos dimensionar.

Existen en nuestra sociedad grupos o colectivos especialmente vulnerables a las crisis económicas y sociales. En esta triple crisis del Covid-19 (sanitaria, económica y social) uno de esos colectivos que más está sufriendo las consecuencias económicas del parón de la actividad productiva causada por la alerta sanitaria ha sido el de los jóvenes (menores de 35 años) y así queda reflejado en el informe “Impacto del Covid-19 en la situación económica y laboral de los jóvenes. Llueve sobre mojado”, elaborado por el Departamento de Juventud y el Gabinete Técnico de FeSMC-UGT.

Los jóvenes de entre 16 y 34 años suponen un 24,1% de la población total, un 26,5% de la población activa, un 24% de la población ocupada y un 37,9% de la población parada (IT EPA 2020).

Los datos de la EPA del IT del 2020 ya recogen un descenso en la ocupación de las personas más jóvenes, a pesar de que en el conjunto se produjo un ligero incremento. Esto refleja cómo la temporalidad se convierte en una puerta fácil para la destrucción de empleo. Una destrucción que se ceba especialmente en la juventud.

El uso de la contratación temporal en la juventud, y especialmente entre las mujeres, crece entre 2019 y 2020 lo que supone ya, a inicios de año, una amenaza para el empleo de todas estas personas.

Los efectos de la epidemia se dejan sentir en mayor medida entre los más jóvenes:  el número de demandantes de empleo parados crece mucho más entre los jóvenes. En mayo de 2020 hay 1.118.394 jóvenes (menores de 35 años) parados demandantes de empleo (un 40,9% más que en mayo de 2019). Una subida mucho más alta que la media (25,3%). Los jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y 29 años son los que más han crecido.

El notable descenso de la actividad económica ha supuesto no sólo un aumento del paro, también una ralentización drástica de la contratación que afecta especialmente a los más jóvenes.

En mayo de 2019 los contratos suscritos con personas con una edad comprendida entre los 16 y 34 años supusieron el 48,3% del total. Un año después la contratación a los jóvenes desciende hasta el 43%, especialmente para las mujeres.

El número de contratos para jóvenes de entre 16 y 34 años se ha reducido entre los hombres un 57,1% y entre las mujeres un 70,3% entre mayo de 2019 y mayo de 2020.

La contracción de la contratación ha sido mayor entre los jóvenes: de todos los contratos indefinidos suscritos, sólo el 39,3% fueron con jóvenes menores de 35 años (en mayo de 2019 ese porcentaje fue del 45,8%).

El número de contratos iniciales de carácter temporal ha supuesto en mayo de 2020 un 93,9% del total de contratos. Entre los jóvenes menores de 35 años ese porcentaje asciende hasta el 94,5%. Y alcanza proporciones mayores entre los jóvenes menores de 25 años.

Contrato de relevo

El contrato relevo surgió como respuesta a la alta temporalidad de los jóvenes y emerge como una fórmula contractual que, vinculada a la jubilación parcial, se presenta como una herramienta para asegurar el puesto de trabajo y el relevo generacional. Este planteamiento podría tener en un encaje en el mercado de trabajo actual, aunque requeriría un ajuste. En este caso con un triple objetivo: asegurar el puesto, mantenerlo y dar entrada a los jóvenes.

Sin embargo, su uso es muy residual y ha disminuido a lo largo del tiempo y parece haberse desvirtuado. A día de hoy, el peso de los contratos relevo es insignificante. No llega al 0,1% de los contratos realizados en cada uno de los meses que tomamos como referencia (mayo de 2019 y de 2020).

Los jóvenes no pueden volver a ser los damnificados de esta nueva crisis

UGT considera fundamental activar medidas específicas para paliar, en la medida de lo posible, la situación que están viviendo los jóvenes de nuestro país en el actual contexto de crisis económica y deterioro del mercado laboral. Además, deben buscarse alternativas que estimulen la contratación de personas menores de 35 años, muchos de los cuales han tenido que soportar las dificultades de incorporarse al mercado laboral o la necesidad de estabilizarse en su puesto de trabajo -luchando contra un estado de precariedad permanente que quedó enquistado, sobre todo, en el macrosector servicios- en un período marcado por la crisis económica 2008-2016 (Gran Recesión) que, cuando empezaba a quedar superado, ha dado paso a esta nueva situación que vivimos hoy a causa de la pandemia mundial por coronavirus.

Los jóvenes no pueden volver a ser los olvidados de este nuevo horizonte de crisis económica que ya se vislumbra, como sucedió en la anterior crisis del período 2008-2016. Son ellos, precisamente, los que se revelan como uno de los motores económicos para que la situación actual de deterioro económico por el parón de actividad no se agudice, a lo que debemos sumar su alta cualificación y formación para afrontar los desafíos que se nos presentan como sociedad con ansias de recuperar la normalidad que nos ha sido arrebatada (especialmente a ellos).