Opinión

Juana Grégori | Dpto. de la Mujer de FeSMC-UGT

Juana Grégori | Dpto. de la Mujer de FeSMC-UGT

Coronavirus, teletrabajo y corresponsabilidad: otra asignatura pendiente

Según ha publicado, recientemente, eldiario.es, un estudio preliminar de las economistas Lidia Farré y Libertad González muestra una variación en el reparto de tareas durante el confinamiento: los hombres aumentan su participación en todas las tareas, desde la limpieza hasta la educación de los hijos, la comida o el lavado de ropa. Ese aumento, sin embargo, no compensa el crecimiento del trabajo no remunerado que ha recaído en los hogares por la pandemia. La conclusión: las mujeres siguen siendo mayoritariamente las encargadas principales de cada una de esas tareas. En España, las mujeres dedican de media un 56% de su tiempo a tareas no remuneradas, mientras que los hombres tan solo un 30%.

El término corresponsabilidad hace referencia a la responsabilidad compartida de una situación o actuación determinada entre dos o más personas. Las personas corresponsables poseen los mismos deberes y derechos en su capacidad de responder por sus actuaciones en las situaciones a su cargo.

La conciliación de la vida laboral y familiar, cuestión que llevamos trabajando desde nuestra Secretaría en los planes de igualdad,  hace referencia, históricamente, a la necesidad de compatibilizar el trabajo remunerado con el trabajo doméstico y las responsabilidades familiares; no obstante, también tiene que estar relacionada con la disponibilidad de tiempo para el desarrollo personal de cada individuo. Es entonces cuando hablamos de conciliación de la vida personal, familiar y laboral.

Estas cuestiones, a las que estamos acostumbradas en nuestro vocabulario habitual, términos que manejamos con cierta cotidianidad y que son utilizados en cualquiera de nuestros discursos políticos y sindicales, han vuelto a ser actualidad estos días cuando, debido a la pandemia del COVID-19, hemos tenido que pasar casi dos meses encerrados en nuestros domicilios, y donde una parte importante de la población está teniendo que realizar su trabajo desde su casa.

¿Teletrabajo en el confinamiento es teletrabajo?

En los casos en los que sí es posible el teletrabajo, no siempre puede llevarse a cabo en óptimas condiciones cuando, además, hay que atender a las niñas y niños en casa durante todo el día.

El trabajo a distancia se define en el artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores y viene a decir que son las empresas quienes tienen que facilitar a la plantilla los medios necesarios para ejercer su trabajo. Sin embargo, no está previsto trabajar y cuidar a un menor y atender a las tareas derivadas de la vida en los hogares de forma simultánea. En el tiempo de trabajo se deberá prestar el servicio de forma exclusiva, sin compatibilizarlo con otra actividad, cuestión que en estos días se ha presentado como imposible. Por tanto, hablar de teletrabajo en este contexto se antoja discutible.

El Gobierno y las empresas lo han implementado, lógicamente, como una medida de prevención para evitar contagios. Es decir, como una situación excepcional. Dicho de otro modo, lo llaman teletrabajo, pero ¿realmente lo es? Si tenemos en cuenta que las y los niños se pasan el día en casa, hay que sacarlos a determinadas horas a la calle, entretenerlos, ayudarles en sus tareas escolares, preparar comidas, cuidar el aseo de los niños, limpiar los hogares de manera más intensa para hacer frente al virus… ¿Cómo se articulan los tiempos de trabajo? ¿Es compatible esta situación con el trabajo o hay que sacrificar el tiempo personal para sacar adelante ambas tareas? ¿Se están repartiendo éstas de manera igualitaria?

Un reciente estudio del Departamento de Sociología y Antropología social  de la Universitat de València, de las investigadoras Cristina Benlloch y Empar Aguado, realizado mediante entrevistas telefónicas durante el confinamiento sobre cómo afecta éste a la conciliación ha revelado que, entre otros, el seguimiento escolar de hijos e hijas en edad educativa lo hacen sobre todo las madres y que, en algunos casos, las mujeres están teniendo que facilitar el teletrabajo a sus parejas.

Según subraya Cristina Benlloch “es habitual por parte de las madres teletrabajar durante la madrugada, bien sea retrasando el momento de ir a la cama o levantándose antes que el resto de miembros de la familia”. También remarca que además de teletrabajar y mayormente encargarse del cuidado de los menores, las mujeres “en algunos casos deben de intentar facilitar que sus parejas trabajen o teletrabajen”, en el supuesto de que los horarios de trabajo de la pareja sean rígidos.

Pasar de los discursos a la práctica real

Es el momento de repensar estas cuestiones y de hacerles frente para que no crezcan las desigualdades de género y recaiga la responsabilidad única y exclusivamente en las mujeres, a las que históricamente se les ha cargado con las tareas del hogar y los cuidados familiares.

Además, la falta de corresponsabilidad en el hogar conlleva que las mujeres se vean forzadas a reducir sus jornadas para cuidar de la infancia y las personas dependientes. Sin tener datos todavía, pensamos que somos las mujeres las que estamos acogiéndonos a los permisos planteados por el Gobierno de reducción o adaptación de jornada, como viene siendo habitual en nuestro mercado laboral, más aún con el cierre de los centros educativos y el confinamiento en los hogares.

Otras tendremos que seguir  haciendo malabares con el teletrabajo y el cuidado. Los datos estiman que las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado. Con todas las consecuencias que ello conlleva para su salud física y mental, lo que siempre hemos planteado a nivel de salud laboral en los Planes de Igualdad, así como el tema de la doble presencia: tener en la cabeza las cuestiones derivadas del hogar en el trabajo y las del trabajo en el hogar.

La corresponsabilidad doméstica se configura como el contrapunto necesario para conseguir la igualdad completa no sólo en el hogar, sino también en el ámbito laboral, puesto que no cabe hablar de una igualdad real mientras la mujer desempeñe una doble o triple jornada que la obligue a renunciar a su tiempo personal.

Tener esta visión desde la perspectiva de género, nos permite obtener una mirada no sesgada de la realidad. Observar dónde encuentran las desigualdades y poder incidir, mejorar y negociar sobre las condiciones de trabajo con perspectiva de género, tener en cuenta la conciliación y la corresponsabilidad, no como un tema de mujeres sino como un tema capital de nuestra labor sindical hará que construyamos una sociedad igualitaria no en el discurso, sino en la realidad.