Opinión

Omar Rodríguez | Sº federal Sector de Hostelería y Turismo de FeSMC-UGT

Omar Rodríguez | Sº federal Sector de Hostelería y Turismo de FeSMC-UGT

Es el turismo, estúpido

Le tomo prestada esta frase a James Carville, aunque en su formato original  sobra el verbo y, además, estaba referida a la economía. Carville era uno de los  estrategas de la campaña electoral de Bill Clinton en 1992, quién, como respuesta a la aplastante superioridad que las encuestas daban a George Bush padre, consideró que los demócratas debían centrarse en aquellas cuestiones sencillas y cotidianas relacionadas con la vida de los ciudadanos. Con esta estrategia, Bill Clinton, contra pronóstico, se alzó con el triunfo en los comicios y ocupó la Casa Blanca.

Los ingresos generados por el turismo han supuesto para la economía española un ingreso de 178.000 millones de euros,  representando  un 14,6% del PIB nacional y un 12% del de Cataluña.

El pasado año 2018 visitaron Cataluña un total de 19 millones de turistas extranjeros, lo que la ha convertido en principal destino de los turistas que nos visitan, quienes dejaron en las arcas catalanas alrededor de 20.601 millones de euros y ocupando, en este caso también el primer puesto en el conjunto de la economía nacional por gasto turístico acumulado, que ascendió al 23,6% del total del Estado.

Según los datos de la encuesta de población activa del Instituto Nacional de Estadística (INE), los asalariados de la Industria Turística en España, en el segundo trimestre de 2018 suponen una cifra de 2.993.673, de esa cifra, de casi tres millones de personas, más de medio millón trabajan en Cataluña.

La frialdad de los datos pone de manifiesto la enorme importancia de la actividad Turística en España y, señaladamente, en Cataluña. El Turismo y la Hostelería son la primera industria del país, por no hablar de la enorme incidencia que este sector tiene en otros, en muchas zonas geográficas dependientes y subordinados al mismo, como el caso del comercio y el transporte.

Pero el objeto de estas líneas, no es hablar de cifras, el verdadero motivo es hablar de personas, concretamente de las cuestiones sencillas y cotidianas, como decía Carville, que afectan a los ciudadanos, en este caso a los ciudadanos trabajadores y trabajadoras que sostienen esta industria.

Cataluña: destino turístico internacional

En estos tiempos de reivindicación política legítima, convertida con demasiada frecuencia en violenta algarada callejera, echo de menos un posicionamiento de los políticos rectores de nuestra economía, una manifestación en el sentido de proteger este activo y, a los que, con su trabajo diario, lo hacen posible. Cierto es que hemos podido escuchar de la ministra del ramo unas manifestaciones en el sentido de adoptar medidas para promocionar Cataluña como destino turístico internacional y, de esa manera, minimizar el terrible problema social que ahora mismo la asola, ¿quedarán en una mera declaración de intenciones? ¿serán una tirita para detener una hemorragia? Pero, lo cierto y verdad, es que numerosas compañías han eliminado de sus itinerarios de cruceros las escalas en Barcelona. Países como EE.UU, Francia, Reino Unido y Portugal; no recomiendan a sus ciudadanos viajar a Cataluña, lo que supone colocar a Barcelona en el mismo lugar que ciudades como  Alepo o Bagdad. Además, este temor, seguramente se hará extensivo al resto de España.

La capital catalana es la cuarta ciudad del mundo por número de congresos celebrados. Los destinos turísticos catalanes han quedado paralizados en la oferta del Imserso, los jubilados españoles prefieren viajar a otros lugares para pasar sus vacaciones, esta parálisis afecta a la prolongación de la temporada turística, haciendo imposible la tan deseada “desestacionalidad”, la renovación de contratos temporales de trabajadores y trabajadoras y la prolongación del llamamiento de fijos discontinuos. Claro que, es una utopía pensar, que un político español sepa que es el llamamiento de un trabajador fijo discontinuo.

Desde UGT llevamos años reclamando de los poderes públicos un pacto de Estado por el Turismo, ahora más necesario que nunca, ajeno a posiciones partidistas y a la confrontación política, que permita alcanzar la necesaria estabilidad en el empleo y la desaparición, de una vez por todas, de la temporalidad y precariedad  como características endémicas de nuestro sector.

De seguir esto así, de no tomarse las medidas que lo impidan, más temprano que tarde volverán los ERES, temporales o definitivos que abocarán al desempleo a buena parte de ese medio millón de trabajadores y trabajadoras en Cataluña, los descuelgues salariales, las modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo y toda la amplia batería de medidas que la reforma laboral ha suministrado para que las crisis las sufraguen los trabajadores, mientras que los impuestos, que pagamos todos, sirven para rescatar a los bancos. Además volverá a congelarse la negociación colectiva, haciendo más difícil aumentar los salarios y mejorar el contenido social de los convenios colectivos que parecía que empezaban a despuntar.

Como representantes de esos cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en Cataluña, y en el resto de España, no podemos permanecer impasibles, tenemos la obligación moral de denunciar la ineptitud de quienes nos gobiernan, que no solo son  incapaces de dar solución a nuestros problemas, para eso se supone que  les hemos elegido y pagamos sus abultados salarios, sino que, generalmente, acaban siendo ellos mismos quienes los generan.

Retomando una vez más a Carville, necesitamos políticos que se preocupen de las cuestiones sencillas y cotidianas relacionadas con la vida de los ciudadanos y, en nuestro caso, de los trabajadores y trabajadoras.