Opinión

Marcos Ruiz Cercas | Dpto. de Comunicación FeSMC-UGT

Marcos Ruiz Cercas | Dpto. de Comunicación FeSMC-UGT

¡Que voten ellos!

El artículo publicado no representa, necesariamente, la opinión de esta Organización sino, exclusivamente, la de quien lo firma. En todo caso, refleja la pluralidad que existe en nuestro sindicato.

Finalmente se han materializado nuestros peores temores: el próximo 10 de noviembre los ciudadanos y las ciudadanas de este país estamos convocados a una nueva jornada electoral -y ya van cuatro, en cuatro años- para que este país tenga un Gobierno.

Desde una mirada global, con un análisis aséptico y no exento de cierto desapego, podría tenerse la tentación de señalar a toda la clase política como culpable de esta situación surrealista y esperpéntica. Al fin y al cabo, todos podrían haber hecho más por facilitar la constitución de un nuevo Gobierno. No ha sido así: han optado por anteponer el interés de partido al interés general; incluso, el interés personal (empachados de ego muchos de nuestros líderes (?) políticos) al interés del país. También un necio tacticismo que les ha llevado a pensar que de esta situación de caos se puede extraer alguna rentabilidad en forma de votos, unos; o contemplando cómo sus archienemigos se hunden en el fango, otros.

Pero seamos realistas, aceptemos que, en verdad, aquí ha habido dos únicos culpables cuya incompetencia política, estrechez de miras y soberbia nos ha llevado a todos a lo que hoy ya es un hecho: el fracaso de la izquierda para alcanzar un acuerdo de Gobierno o legislatura, y la convocatoria de elecciones generales. Y lo que sería aún peor: que la desmovilización de los votantes progresistas traiga consigo un Gobierno de derechas. El Partido Socialista Obrero Español y Unidas Podemos -especialmente sus máximos responsables: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias- deben ser señalados como culpables de lo que ha ocurrido y de lo que puede llegar a suceder. (Y que toda persona de izquierdas o progresista se sienta con la autoridad moral y el suficiente hartazgo para afirmar esto sin complejos. Yo lo hago).

“La virtud de no confrontar”

A estos dos, que aspiran al poder, les animaría a leer algunos breves textos que exponen con claridad los principios del pensamiento taoísta porque, contemplando cómo está el panorama político, las soluciones, me temo, no van a venir desde los sesudos análisis de politólogos y sociólogos, ni con relecturas de ensayistas de cabecera que han dado forma al pensamiento político de estos hombres de Estado (?). Les animaría a sentarse en silencio y quietud, lejos de sus smartphone y de sus asesores, para asimilar con una mente lo más vacía posible de prejuicios (“mente de principiante”) ideas que tienen en su esencia el concepto de la Humildad y de la Modestia (fundamentales en el pensamiento taoísta): porque con un poco de ambas, es seguro que hoy tendríamos un Gobierno de progreso en este país.

Dice el Tao Te Ching que “un buen militar no es belicoso” y “un buen guerrero no es irascible”, que “el buen vencedor evita la guerra” y que “la virtud de no confrontar es el método que los hombres deberían aplicar” en la vida. Esto en la política actual debe ser interpretado como una herejía, seguro, tan acostumbrados como están a leer y malinterpretar “El arte de la guerra” o a visionar, una y otra vez, “Juego de Tronos” o “House of cards”. La política como campo de batalla.

Pero quédense con esta enseñanza del mismo libro: “El hombre, al nacer, es blando y flexible, y al morir queda duro y rígido. Las plantas, al nacer, son tiernas y flexibles y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo blando y flexible son propiedades de la vida”.

La rigidez y falta de flexibilidad que han demostrado todas las personas implicadas en la negociación entre ambos partidos de izquierda (ya sea desde los despachos o desde la misma mesa negociadora) han alumbrado el desastre (“la muerte”). Si todos ellos y ellas supieran que lo “blando y lo flexible son propiedades de la vida”, el resultado hubiera sido otro. Pero para eso hay que ser humilde. Y ese concepto, tristemente, no forma parte de las virtudes de nuestros políticos de hoy. Así nos va al resto.

Por todo lo anterior, el próximo 10 de noviembre, por primera vez en mi vida, no votaré en unas elecciones generales: ¡Que voten ellos!