Opinión

Javier Castro Rodríguez | Responsable del Sindicato Financiero de FeSMC-UGT Galicia

Javier Castro Rodríguez | Responsable del Sindicato Financiero de FeSMC-UGT Galicia

La posibilidad de eliminar el dinero físico agravará la exclusión financiera

Los servicios deben ser, por norma, garantistas. Es decir, todo ciudadano o ciudadana debe tener acceso al mismo, más allá del derecho de admisión que se pueda establecer. Lo que es inasumible es que un servicio a la ciudadanía termine siendo excluyente, provenga este del sector público o privado.

Hace ahora más de diez años contábamos con más de 60 entidades financieras que agrupaban más de 45.814 oficinas repartidas por toda nuestra geografía y que eran complementadas por sus respectivos cajeros automáticos. Además, el servicio al cliente era dispensado por cerca de 270.351 trabajadores y trabajadoras del sector en 2008.

A día de hoy, tras innumerables fusiones, solo quedan 15 entidades financieras con implantación nacional, el volumen de oficinas ha descendido a 26.278 (y siguen siendo muchas, en boca de algunos). Después de una implacable destrucción de empleo, solo permanecen 180.000 profesionales para atender a los mismos ciudadanos a cierre de 2018. Y la pérdida de empleo ha seguid descendiendo a lo largo del presente año.

El Sindicato Financiero de UGT ya advirtió en 2013 (con un informe publicado) la creciente exclusión financiera que sufría el país y la ciudadanía, con un descenso del 16% de oficinas y dejando desprovistos de oficinas bancarias a muchas zonas rurales y barrios de las ciudades. UGT certificó cómo provincias como Ourense, Girona, Pontevedra o Huesca, entre otras, eran de las más afectadas en el recorte de oficinas.

Dicho estudio se actualizo en 2018 en Galicia, demostrado que la tendencia seguía siendo decreciente. Así, el cierre en la Comunidad gallega en 2013 era de casi un 20%, elevándose hasta el 37,50% en 2018. Dicha tendencia no fue distinta en el resto del país.

Ahora, y sin tener visos de haber finalizado ni los cierres de oficinas ni la destrucción de empleo, se limitan los servicios de caja a determinados horarios, en una vuelta de tuerca más al consumidor, incluso algunas entidades abogan por eliminarlos de algunas oficinas.

Dentro de esta voracidad por encontrar rentabilidad en una economía de tipos de interés bajos (incluso negativos según cómo afecte a empresas o pequeños ahorradores, y con una creciente demanda digital), solo por una parte del segmento poblacional se empiezan a escuchar voces que piden eliminar el dinero físico.

Una realidad preocupante

¿Deberíamos preocuparnos por este tema? Claramente sí. No vamos a negar la creciente demanda digital concentrada sobre todo en unas generaciones, llámense Generación X, Z o Millennials. Generaciones que nacieron prácticamente, o en su totalidad, en la era digital; pero no podemos olvidar a la generación del Baby Boom y antes. Los primeros no saben o no quieren operar de otra manera que no sea digital, pero los segundos son una generación nacida en la era analógica, busca adaptarse sin querer poner toda su vida al servicio de la digitalización, pero es importante entender que los nacidos antes de 1969, aun representan a cerca de 20 millones de habitantes.

La creciente digitalización del sector financiero y sobre todo como respuesta a las temidas multinacionales tecnológicas (Amazon, Facebook, etc.) ha obligado a una parte de sociedad a bancarizarse y digitalizarse a la fuerza. Quién no tiene ya su nómina, pensión, prestación domiciliada en una entidad financiera. Quién no tiene como mínimo una tarjeta de débito o crédito y la mayoría de los servicios ya se pagan por medio de la domiciliación. Y así un largo etcétera.

Esta sociedad que se ha bancarizando por imperativo, ahora ve limitado la prestación del servicio para muchos y, desde luego, el masivo cierre de oficinas hace que para muchos consumidores sea tan lesiva la exclusión financiera.

Año 2025, ¿principio del fin del dinero físico?

Parece que el dato de que en 2025 el 5% de la población no tendrá acceso al dinero físico (según el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía) no está generando demasiada relevancia. A la sociedad no le suele preocupar un tema, a priori, tan relevante hasta que veamos, o nos percatemos, que puede afectar a nuestras vidas.

Una sociedad que ha visto como se bancarizaba todos los servicios, creando una total dependencia de las entidades financieras, debería advertir a tiempo el riesgo de una economía totalmente controlada por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, a riesgo de que agravaría aún más la exclusión financiera.

La desaparición paulatina de oficinas, los reajustes que está realizando el sector financiero y la progresiva sustitución del dinero físico por medios de pago electrónicos, favorece el dominio de las empresas financieras cuya influencia aumentaría sustancialmente. Habida cuenta que el control que ejercemos sobre nuestra economía particular -aunque esto habría que considerarlo según edades- cambia sustancialmente cuando lo hacemos con dinero físico respecto a cuando lo hacemos con dinero digital, gastando más y llevando peor control sobre nuestra economía cuando esta se digitaliza.

Seriamos esclavos de los bancos, además el riesgo de tener que operar solo por el medio digital y creando una total dependencia del consumidor, eleva el riesgo de implantar nuevas comisiones por la mera transacción digital.

Quizás en España aún estamos algo más lejos del panorama de otros países del norte de Europa, pero vamos hacia la desaparición del dinero físico y la mejor forma de evitar este camino sin retorno es utilizar más efectivo en nuestras transacciones diarias.

La suplantación de un servicio antaño casi analógico por otro parecido digital, no es razón para pensar que no nos está afectado negativamente ya en nuestro día a día. La sociedad tiene derecho a un servicio bancario que no discrimine ni por edad, ni por generación y menos por el lugar en el que residimos.

Como sociedad quizás no hemos visto a tiempo el gran perjuicio que supondría los cierres masivos de oficinas, en la calidad de servicio, por ello ahora que aún estamos a tiempo antes de que se digitalice el dinero físico, de reflexionar profundamente sobre ello.

Desde el Sindicato Financiero de UGT valoramos de forma muy negativa este propósito a futuro. Ante amenazas tales como la perdida de privacidad, de libertad, el control absoluto de las entidades financieras, la posible desaparición o bloqueo del dinero o los riesgos inherentes al pirateo o ciberataques, habría que añadir una discriminación creciente hacia los jubilados y población con recursos mínimos, los más desfavorecidos y todos aquellos que no desean que toda su vida sea digital. En definitiva, nos situamos ante un horizonte futuro con más ciudadanos y ciudadanas con dificultades al acceso de un servicio básico como el financiero.