Opinión

Marcos Ruiz Cercas | Dep. de Comunicación de FeSMC-UGT

Marcos Ruiz Cercas | Dep. de Comunicación de FeSMC-UGT

¿A qué juegan las izquierdas?

Parece que PSOE y Podemos avanzan en las negociaciones para alcanzar un acuerdo que permita la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Pero llegar a este punto no ha sido tan “natural” y lógico como cabría esperar. Resulta irritante y extenuante comprobar cómo, en estas últimas semanas y haciendo muy cierta la teoría nietzscheana del “eterno retorno”, la izquierda coqueteaba, una vez más, con su dramático destino de reventar, hacer saltar por los aires, dinamitar las ansias de progreso de millones de ciudadanos y ciudadanas.

Qué empeño cainita el de ambos partidos en no reconocerse mutuamente como aliados naturales y necesarios (especialmente en estos tiempos de involución ideológica que vivimos). Ahora, principalmente, el PSOE, cuyo tacticismo suicida le ha llevado -entre bambalinas, parece ser- a tantear a partidos como Ciudadanos para buscar apoyos de cara a la formación de Gobierno, en contra del grito unánime de la militancia en la noche electoral: “Con Rivera, no”. Y algo raro está pasando porque, como me decía un militante socialista veterano y abatido “el mapa rojo que nos mostraron en todas las cadenas de televisión, una vez superadas las convocatorias electorales, se está tornando de un azul anaranjado de aspecto deprimente”.

Y luego está Podemos, que ha sabido corregir una beligerancia estúpida e incomprensible contra el PSOE: ¿De dónde se creían los morados que venía una parte importante de su electorado, del limbo? ¿Dónde creen que ha regresado parte del millón y medio de votos perdidos en las últimas elecciones? La transferencia de votantes entre ambos partidos es señal inequívoca de que comparten un espacio ideológico, programático y sociológico. Afortunadamente, el partido que surgió del 15-M (qué tiempos aquéllos) ha entendido que el enemigo a batir no está en el partido de Pablo Iglesias Posse sino en la hidra de tres cabezas del conservadurismo patrio. Cierto es que a esta actitud ha contribuido, también, la cura de humildad (y lo digo con tristeza) que han sufrido en clave electoral y que ya vaticinaban las encuestas.

Declaraciones inoportunas

Que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, recomendara a algunos replantearse sus estrategias de negociación tras el batacazo electoral (actitud ventajista que desluce al presidenciable) no ayuda a generar un clima de confianza. Tampoco las del ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, insinuando, sin que le temblara la voz, la posibilidad de un adelanto electoral fueron de una irresponsabilidad impropia de un presunto hombre de Estado, o de un servidor público que asume una alta responsabilidad institucional (lo de estadista quizá sea excesivo).

Ni en broma puede permitirse semejante insinuación ante la opinión pública el Sr. Ábalos, como representante del PSOE, para realizar un “aviso a navegantes”. Después de la concatenación de procesos electorales que ha soportado una ciudanía exhausta durante los últimos años, lo que necesitamos en este país es, precisamente, lo contrario: dejar de ir a las urnas más de lo necesario, ver a los políticos hacer política, es decir, dialogar, buscar acuerdos, negociar y, por último (lo más importante): que la agenda informativa deje de tener el foco puesto, permanentemente, en la cosa política y en clave electoral. Necesitamos que se empiece a hablar ante la opinión pública de los problemas reales de los ciudadanos, de cuestiones laborales, sociales y, oiga, también culturales. Me atrevo a pensar que ya estamos un poco agotados de informativos y tertulias en las que sólo se abordan asuntos relacionados con la confrontación política entre partidos, con el ego de sus líderes, con cuestiones internas; hablar de esto y de lo otro, y de lo de siempre (Cataluña).

Conversar con la ciudadanía

España necesita que aquellos que asumen responsabilidades en la cosa pública, los que representan a la ciudadanía en los diferentes estratos de la Administración aparquen durante un tiempo los argumentarios de gabinete y los discursos publicitarios de sus speechwriters, que abandonen durante un período el estado de campaña electoral permanente, y conversen con la ciudadanía: escuchen lo que les demanda, lo que les preocupa, lo que les inquieta, y busquen soluciones; y entonces sí: que sean didácticos y nos expliquen qué están haciendo para mejorar la vida de todos, especialmente los que más lo necesitan, que suelen ser los que menos tienen. Pueden empezar por derogar la Reforma Laboral del PP.

Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, dijo esta semana ante las cámaras: “Hay una amplia mayoría que está deseando vernos gobernar juntos (…). No podemos decepcionar a toda esa gente y creo que Pedro Sánchez no les va a decepcionar”. Que así sea.