Opinión

Álvaro Vicioso

Adjunto al Sº de Acción Sindical de FeSMC-UGT

Millenials: el nuevo precariado

Querer etiquetar a los jóvenes para camuflar su precaria realidad laboral y profesional es un instrumento publicitario del neoliberalismo para exprimir al máximo el talento, formación y creatividad de unas generaciones que deben reaccionar.

Hay una “corriente telúrica” que, fruto de la conexión directa entre los sociólogos, antropólogos y capitalistas innovadores, está estableciendo límites generacionales al considerar que tener información sobre un colectivo, y sobre cómo este interactúa y reacciona con los sucesos económicos, sociales o tecnológicos de su entorno, es una herramienta muy valiosa.

Etiquetar a los jóvenes

Los “niños de la guerra” (austeros), el “baby boom” (ambiciosos), la generación X (obsesionados por el éxito), la generación Y (millenials-frustrados) y la actual y novedosa generación Z (irreverentes). La sociedad actual nos está “vendiendo” que las dos últimas generaciones indicadas están directamente ligadas a la disrupción de la digitalización.

Los “X” o “Millenials”, un colectivo nacido en 1981, son cerca de 7 millones de hombres y mujeres que aprendieron con la globalización y creen en ella. Crecieron con la muy incipiente digitalización y rápidamente, tras incorporarse al mundo laboral sufrieron la crisis financiera y pasaron al desempleo de forma ultrarrápida. Conocidos también como “ninis” (ni estudian ni trabajan), son estigmatizados con este cruel apelativo, pero la realidad es que ellos impulsaron la vida sana, la alimentación saludable o el ecologismo.

Los “Z” se sitúan en torno a los 25 años y son cerca de 8 millones en nuestro país. Los gurús liberales les alaban indicando que son más emprendedores que los millenials. Que aprenden rápido y de forma autodidacta, lo que les convierte en mucho más irreverentes que los millenials, educados con sistemas mucho más rígidos.

¿Y de la variante perversa, qué? Nos venden que no hay trabajo para todos y que deben hacerse “emprendedores”. Y aquí comienza a surgir la “corriente telúrica”, para que se asuma el mensaje de “no hay otra salida”. Hágase usted “emprendedor” en sus múltiples modalidades (rider, falso autónomo, etc…). La misma treta que cuando nos hipotecábamos para comprar un piso y el banco nos ofrecía incluir, además, la compra del coche, de la plaza de garaje y, por qué no, de una Smart-TV de 55 pulgadas (luego pasó lo que pasó…).

España: ¿la tierra de las oportunidades?

El “gran engaño” viene teledirigido hacia este joven al que se le vende que gracias a la digitalización el acceso libre a las oportunidades está democratizado y que ser emprendedor con cualquiera de las pieles con la que lo denominen. Se empeñan en reiterarnos que España es “la tierra de las oportunidades” y que el que más pueda evolucionar podrá aspirar a tener, algún día, un contrato de trabajo eventual o de obra y servicio.

El objetivo final de esta corriente telúrica es realizar un cambio estructural del modelo de relaciones laborales consolidando un marco de actuación diferente y precario, en el que no existe cobertura para una protección por desempleo decente, ni para una situación de incapacidad temporal, ni el derecho a un descanso remunerado, ni a unas vacaciones anuales retribuidas, ni a derechos de carácter colectivo de vital importancia como son los derechos de información, consulta y participación en la empresa, entre otros muchos.

Jóvenes y precariado

Las generaciones de jóvenes (X, Y, Z…) no son ajenas a ésta realidad: recordemos con dolor la derrota de “la última lucha obrera” tras el cierre de las minas de carbón. Porque mientras –estupefactos y temerosos– observamos como sociedad lo que nos han arrebatado somos testigos de la progresiva consolidación del precariado (neologismo a partir de la contracción de los términos “precario” y “proletariado”): trabajadores que tienen unas condiciones laborales muy precarias, con trabajos poco estables, muy flexibles, con bajos salarios y contratos muy breves.

Para FeSMC-UGT este “precariado” integrado por jóvenes trabajadores por cuenta ajena debería estar amparados legalmente por los convenios colectivos sectoriales y tienen que estar cubiertos por las tutelas propias del trabajo subordinado, con los mismos derechos laborales, de protección de la seguridad y la salud y de acción colectiva que el resto.

Y la realidad tozuda que vemos en UGT es que los jóvenes son personas con altos valores éticos, sociales e hiperconectados. Buscan el reconocimiento de sus capacidades y aptitudes, por sus funciones y no por años y/o antigüedad en el trabajo solamente. Abogan por la flexibilidad impuesta y definida por la persona, no la del empresario. Son inmensamente escépticos al modelo del capital bancario y al modelo estándar empresarial.

Visión sindical del problema

Tanto en el área de Juventud de FeSMC-UGT, como de la asociación de jóvenes de UGT-RUGE, consideramos que los jóvenes no son etiquetas tipo millenials, X, Y o Z… sino trabajadores precarizados y explotados, la materia prima perfecta para los gurús de la digitalización, que lo único que buscan es poder disponer de este talento y formación sin recoger ninguna de las demandas y exigencias que como colectivo de trabajadores jóvenes se reclaman.

Nadie niega que sean jóvenes muy creativos, con una alta adaptabilidad a nuevos entornos pero con una nula referencia real del mundo laboral en el que se van a tener que desenvolver, por lo que si únicamente beben de la “corriente telúrica”, el capitalismo dispondrá del colectivo “perfecto”, y si no, pues se inventarán un nuevo colectivo de jóvenes con una nueva etiqueta al que poder explotar laboralmente.

Porque para FeSMC-UGT, todos los jóvenes hayan nacido en el año que sea, han asimilado el esfuerzo transmitido por sus mayores y han hecho, por tanto, que tengan mayor capacidad de talento y formación digital. Los jóvenes en nuestro país son un grupo harto de explotación laboral. Son personas que aún viven con sus padres porque tienen imposible emanciparse. Y, como siempre ha ocurrido, su primera necesidad es la formación y la estabilidad laboral.

Porque se trata de luchar por el trabajo que quisieran sus padres o abuelos para ellos (casa, coche y sobretodo trabajo estable). Quede claro que nuestro Sindicato no permanece ajeno a la realidad y somos conscientes de que estas actividades que ahora están en auge es urgente y necesario que pasen a integrarse en nuestro escenario económico y laboral colectivo.

Aún estamos a tiempo de encontrar una solución de equilibrio y el Gobierno que resulte de las elecciones generales del 28 de abril tiene la obligación de sentarse y buscar vías que den lugar a que nuestros jóvenes puedan insertarse con plenitud de derechos laborales colectivos y se valore su formación y capacidad de adaptación constante de forma plena. Porque si esto no se produce, la sociedad española sufrirá y generará fracturas sociales no deseadas en las generaciones venideras.

Si, es una realidad durísima, difícil e incierta, pero es así, inexorablemente. Viejas soluciones para “nuevos” conceptos. Todo está inventado.