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OPINIÓN | EL DIVÁN

Una mala película para sestear en tarde de domingo

22/09/2017 | Santos Nogales | Secretario de Acción Sindical FeSMC-UGT

Ha sido la primera imagen que ha venido a mi mente tras leer y ver la foto que ilustra la lectura de una información a propósito de la ubicación de la web de la Generalitat con información sobre el referéndum: una casa de verdes toldos suspendida sobre un madero para, según dicen, salvaguardar de las bestias a los antiguos moradores, creo que lapones. Donde nos relatan que la información de todos los ciudadanos censados en Cataluña esta ubicada en un “dominio” informático que esta asentado en una isla caribeña, y cuyo propietario esta oculto tras varias capas de engendros informáticos, dominios, testaferros, etc.

Precisamente ahora que la sociedad exige la máxima cautela y protección de los datos personales que ponemos a disposición de la Administración, que deben ser actuar con máximo celo en su custodia, protección y uso. Porque son datos entregados por la voluntariedad del voto democrático desde cada ciudadano al Estado y sus organismos, como así hemos decidido al amparo de la Constitución.

No parece muy edificante que esos protectores de datos personales decidan ponerlos fuera del alcance de los controles democráticos, llevándolos a una isla y ubicándolos donde no puedan acceder a ellos. Dicho así, podría parecer un mal guion de telefilm de domingo por la tarde, buenas para sestear, pero de donde no detraes ningún goce.

Y hablando de eso, de goce, acaba de hacerse pública una sentencia del Tribunal Supremo en la que, con lenguaje certero y claro, recrimina a las empresas, en este caso a las entidades financieras, su cicaterismo y acción tan antidemocrática como pretender fiscalizar la información sindical cuando se realiza por los medios informáticos de la empresa.

Y dice la Sentencia que la empresa no puede impedir ni pretender fiscalizar la información y comunicación sindical, siempre que la misma no pudiera generar prejuicios directos a la marcha de la empresa, y que por tanto la empresa tiene la obligación de facilitar a los trabajadores organizados (sindicato) el “goce pacifico” de los instrumentos aptos para realizar su labor sindical, siempre que estos existan, se utilicen sin poner en riesgo la función para la que fueron creados y se respete la proporcionalidad de sacrificios, cuestión que se escapa a mis entendederas jurídicas.

Y todo este puzle pudiera no tener elementos comunes, pero así es la vida de esta sociedad española, desgraciadamente y haciendo honor a la denominación de piel de toro, pues suele fijarse en exceso en los señuelos y despistarse de tramas, fraudes financieros, corrupción, y demás secuelas que ha generado una sociedad empobrecida tras la crisis, donde pretenden que los problemas del trabajo –temporal, a plazo fijo, basado en proyectos, a tiempo parcial, en un contrato de cero horas, casual, agencia, independiente, periférico, contingente, externo, no estándar, atípico, basado en  plataformas, subcontratados, informales, no declarados, inseguros, marginales o precarios– queden resueltos por la vía de cada individuo.

Como decía, pudieran ser paradojas contrapuestas: la defensa de la libertad debe estar ligada a que sea la de todos.

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