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OPINIÓN | EL DIVÁN

Trabajadores, salarios, Kafka y la subsistencia como forma de vida

02/03/2017 | Marcos Ruiz Cercas | Área de comunicación FeSMC-UGT

“UGT no firmará ningún acuerdo en el que los trabajadores pierdan poder adquisitivo” (Pepe Álvarez, secretario general de UGT)

Cobrar un salario digno, en este nuevo tiempo que nos toca sufrir, no está bien visto. Una de las consecuencias que ha traído el largo período de crisis económica en el progresivo deterioro de la calidad de vida de los trabajadores, depauperados a través de múltiples instrumentos políticos y económicos maquinados desde los despachos, ha sido el hachazo en los salarios, la pérdida de poder adquisitivo, anulando así el poder de compra de los trabajadores, un concepto éste que pierde su sentido desde el momento en el que el individuo queda incapacitado para comprar productos –a duras penas puede costearse algunos servicios básicos– y se limita a sobrevivir con el salario que percibe por un trabajo –o más de uno– mal remunerado.

Josef K. se levantó una mañana, como cada día, para acudir a su puesto de trabajo. Tras plantarse el traje de las semanas impares –deslustrado por el uso diario–  y perfumarse con la colonia a granel que compra su mujer para toda la familia, se condujo con premura hacia la parada del bus. En su empresa, tras fichar en el control de acceso al decadentemente futurista edificio de hormigón y cristal, se acomodó en su mesa y encendió el ordenador. A los pocos minutos recibió un correo interno –al igual que el resto de sus compañeros– en el que se le informaba que su salario de 1.500 euros netos por 40 horas de trabajo semanal era algo “inasumible en el actual contexto económico y laboral” y suponía un “agravio comparativo” con los salarios que “imperaban” en el resto del sector en el que desempeñaba su actividad. Por ello quedaba “debidamente informado de la reducción del 40% de su salario” para “adecuarlo a la lógica del mercado y en interés del mantenimiento de los puestos de trabajo”.

Según cifras facilitadas por la Agencia Tributaria en el año 2016, el 34% de los trabajadores de nuestro país están cobrando salarios que rondan los 600 euros. Es decir, un tercio de los hombres y mujeres que contribuyen al sostenimiento del actual modelo económico y social –desequilibrado, injusto, economicista y ultraliberal–  lo hacen por un sueldo que alimenta la subsistencia como forma de vida.

Josef K. terminó su trabajo de ocho horas, más 45 minutos de exceso de jornada no remunerada, y decidió pasear por las frías calles de la ciudad antes de regresar a su casa. En su deambular, pensó que con 900 euros al mes –junto al sueldo de su mujer, 850 euros como camarera en una cafetería–  tendría que pagar la hipoteca, los seguros de hogar y coche, el comedor de los niños, la luz, el gas, el agua, la comunidad, el impuesto de circulación, el impuesto de bienes inmuebles, la tasa de basuras y la madre que los parió a todos. Comprar ropa, ir al cine, cenar con amigos, regalarse un libro o acudir a un concierto era un lujo que un trabajador de hoy no podía permitirse. El nuevo tiempo imponía nuevas formas de vida a los de su clase: trabajar para subsistir, vivir para sobrevivir. El mileurismo, aquel concepto que hace años quedó acuñado como sinónimo de precariedad, era hoy una meta inalcanzable para muchos trabajadores.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2016, el 28, 6% de los españoles estaban/están en riesgo de exclusión social; es decir, sus recursos económicos han quedado tan deteriorados que apenas pueden costearse las necesidades básicas. En el inconsciente colectivo de los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI ha ido calando –como tantas otros pensamientos dañinos inoculados a través de la propaganda, la reiteración y unos medios de comunicación al servicio de los lobbies económicos– la idea de que el tiempo del bienestar para los trabajadores es historia y que la necesidad de un nuevo paradigma social y económico profundamente injusto viene impuesto por las circunstancia y por nuestros propios excesos. Son tiempos de austeridad y sacrificio. Aquel que ose atesorar un sueldo digno será señalado.

Josef K. se detiene ante un quiosco y lee los titulares en la prensa del día: “España está en la senda de la recuperación económica”, dice algún charlatán de la clase política gobernante o de la clase económica dirigente. Piensa, indignado, con los restos del cabreo que le quedan en el estómago vacío, que esa senda no debe ser la misma por la que él transita: una larga acera adoquinada que se pierde en un horizonte oscuro durante este anochecer gélido y seco.

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