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CANTABRIA

Pobreza energética y modelo energético

pedro-coboEn esta época bastantes familias tienen verdaderos problemas para enfrentarse a la factura de la luz que no ha cesado de aumentar en los últimos seis años. La última subida se produjo en diciembre del pasado año, donde se vio incrementada en un 4,6%, lo que supuso un aumento total de un 10% a lo largo del 2017.

25/01/2018 | Tribuna Libre por Pedro Cobo García

En esta época bastantes familias tienen verdaderos problemas para enfrentarse a la factura de la luz, que, por cierto, no ha cesado de aumentar en los últimos seis años. La última subida se produjo en diciembre del pasado año, donde se vio incrementada en un 4,6%, lo que supuso un aumento total de un 10% a lo largo del ejercicio con respecto a 2016. Para el presente año las noticias que nos hacen llegar no son nada halagüeñas, ya que el repunte estimado para enero es en torno al 3%.

En unas ocasiones nos dicen que la factura de la energía eléctrica sube debido a la falta de agua y otras por la escasez de viento, pero la realidad es que son múltiples las causas para justificar esta escalada de precios que está llevando a muchas familias a tener verdaderas dificultades para poder pagarla, cuando no les es completamente imposible.

El oligopolio de las empresas eléctricas, que no deja de incrementar sus cuentas de resultados a costa del conjunto de la sociedad, está ocasionando que millones de ciudadanos estén afectados por la pobreza energética debido a que en España tenemos la segunda tarifa eléctrica más alta de la Unión Europea. Según Eurostat, el organismo estadístico de la UE, aproximadamente unos 4.500.000 de personas en España podrían estar en riesgo de pobreza energética.

En Cantabria, según la Encuesta de Condiciones de Vida del año 2016, un 17,4% de los hogares cántabros (41.243) no podían mantener la vivienda a una temperatura adecuada, lo que implica el doble que los registrados el año anterior (7,9%). Esta misma estadística alude a que un 18% de los cántabros (102.891) estaban en la misma situación (ocho puntos más que la media nacional en el mismo concepto).

Estas y otras muchas estadísticas sobre la creciente pobreza energética son la prueba más evidente de que el modelo energético de nuestro país no es el adecuado. La pregunta es hasta cuándo el Gobierno de turno dejará de mirar para otro lado sin afrontar verdaderas políticas energéticas que vayan dirigidas al fomento de las energías renovables y tecnologías bajas en emisiones de dióxido de carbono; algo que parece no interesa al sector eléctrico, cuando nuestro país dispone de recursos abundantes en eólica, solar, hidráulica o biomasa para reducir de forma considerable la factura de la luz.

Podemos ver el ejemplo de Estados Unidos. La Administración de Barack Obama apostó por una política de transformación de la economía energética, potenciando, entre otras, las energías renovables, y el resultado es que la factura de la energía eléctrica es un 60% más barata que la nuestra. Por desgracia, aquí en España estamos recorriendo el camino contrario, penalizando a las fuentes energéticas renovables.

El Gobierno español de una vez por todas debe gobernar para la mayoría de la población y no dejar en manos del lobby del sector eléctrico la legislación que regula su propio mercado. Sería muy interesante ver la relación de exministros, expresidentes del Gobierno y familiares de políticos que se encuentran engrosando la nómina de los consejos de administración de las eléctricas e igual así entenderemos qué está pasando con la política energética en España.

El fomento de inversiones dirigidas a este tipo de energías puede y debe ser el catalizador del nuevo cambio de modelo económico y productivo. Como se ha citado, España dispone de un gran número de recursos energéticos propios renovables, que crearían empleo de calidad (empleo verde), y además este tipo de energías se caracterizan por ser intensivas en mano de obra, generando una tecnología (fomento de la I+D+i) y demanda industrial en la que nuestro país ya fue líder mundial.

A ello se unen otras medidas de especial importancia para cambiar el actual modelo energético, entre las que destaca una nueva fiscalidad que elimine las subvenciones y bonificaciones a las energías no renovables; una nueva normativa legal que a su vez acabe con las trabas al autoconsumo tanto técnicas, económicas como administrativas; y un plan de ahorro y eficiencia energética con actuaciones y objetivos concretos.

Cuando hablamos del tan cacareado cambio de modelo productivo y que la industria debe ser un pilar fundamental en él, uno de los primeros pasos que se deberían de dar de forma irremediable pasa por diseñar políticas energéticas en esta dirección, además de conseguir eliminar la dependencia de las energías fósiles y sus consecuencias negativas para el medioambiente y la salud.

Para realizar esta transformación de modelo productivo y de consumo es fundamental adoptar medidas legislativas a largo plazo y de forma inmediata; no podemos permitirnos perder más tiempo con más estudios, informes o conferencias porque tenemos suficientes y, por cierto, muy buenos.

De la misma forma que el Gobierno en otras ocasiones utiliza el Boletín Oficial del Estado (BOE) para marcar su política, en esta ocasión sería deseable que se legislase para reducir los costes energéticos (globales) y no sólo por la vía de reducir los salarios para competir (reformas laborales).

Un deseo de hacer ciertas cosas, como hasta ahora, no cambia nada, pero una decisión política adecuada lo cambia todo. Hasta cuándo seguiremos con esta atonía política.

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