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OPINIÓN | SECRETARÍA GENERAL

Los dos de la Lealtad: ¿metáfora de un Estado fallido?

17/06/2017 | Miguel Ángel Cilleros | Secretario General de FeSMC-UGT

En la tarea sindical, que no es otra cosa que la lucha constante y diaria por conseguir que la vida de los trabajadores y las trabajadoras, de todos nosotros, sea más digna, más cómoda, más humana, existen momentos de abatimiento.

Llevan años intentando pisotear nuestra dignidad, sembrando nuestro camino de obstáculos que nos desgastan, nos incomodan; articulando todo tipo de instrumentos inhumanos que operan en el terreno económico, laboral y social con el único objetivo de hacer de los trabajadores una masa informe, sumisa, maleable, que acepte un destino impuesto en el que todo se reduce a la subsistencia y, sobre todo, a que no pensemos demasiado, anulando así  cualquier atisbo de espíritu crítico.

El próximo miércoles, 21 de junio, dos hombres, dos sindicalistas de las Unión General de Trabajadores, se verán ante un tribunal de justicia que dirimirá su futuro inmediato; un futuro que, en el peor de los casos, pasa por una condena a siete años de cárcel –petición hecha por la Fiscalía– por haber actuado como piquetes informativos durante la huelga general que se vivió en nuestra país el 29 de marzo del año 2012.

Rubén Ranz y José Manuel Nogales -conocidos como Los dos de la Plaza de la Lealtad, lugar en el que fueron detenidos- tienen una biografía que se puede resumir de manera sencilla: trabajadores del comercio y la hostelería que decidieron, en un momento de sus vidas, dedicar su tiempo y esfuerzo a defender a otros trabajadores: en sus empresas, en sus sectores de actividad, en las calles, en las mesas de negociación y en las instituciones. Asumieron por ello lo que todo sindicalista asume: jornadas infinitas dedicadas a la acción sindical, presiones de todo tipo en sus empresas, imposibilidad para conciliar la vida familiar con la sindical, riesgos sobre su integridad física en conflictos a las puertas de empresas, de ministerios, de consejerías, de ayuntamientos, de asociaciones empresariales… Pero por encima de tantos sinsabores, siempre les quedó –como nos queda a todos los que nos dedicamos a esta noble tarea– el regusto dulce de tantas victorias conseguidas materializadas en aplausos, abrazos, sonrisas, agradecimientos de miles de hombres y mujeres, trabajadores todos, que vieron cómo gracias al esfuerzo y la dedicación de personas como Rubén y Nogales disfrutaron de jornadas reguladas, incrementos salariales, beneficios sociales, más días de vacaciones o, en el mejor de los casos, el mantenimiento de sus puestos de trabajo en estos años de vino amargo y rosas marchitas para los de siempre: los damnificados de esta crisis que ha sido instrumentalizada para laminar al movimiento sindical.

Rubén y Nogales viven momentos de abatimiento y con ellos, todos nosotros, los que asumimos la representación de los trabajadores como una obligación moral. El abatimiento surge de la desesperanza, de la contemplación de nuestra propia derrota. Tras una vida dedicada a luchar por los derechos de los trabajadores, verse inmerso en un proceso judicial kafkiano que no se sostiene en lógica alguna te lleva a la desesperación.

Pero lo que tienen que saber los compañeros Rubén Ranz y José Manuel Nogales –y también aquellos que les juzgarán– es que tras ellos, dos trabajadores que han dedicado su vida a mejorar la del resto, está todo el movimiento sindical de este país, encabezado por UGT y CCOO. Esa masa informe que tantas veces ha pateado las calles, se ha concentrado en las plazas, ha parado las fábricas, colapsado los transportes o cerrado los comercios, volverá a hacerlo. Sabemos negociar y conciliar, pero también presionar y luchar. Rubén y Nogales son, hoy, nuestra punta de lanza, la razón principal, el monopolio de nuestra angustia y desasosiego.

Para la Unión General de Trabajadores el horizonte de nuestra lucha termina y empieza el próximo día 21 de junio: día del juicio a dos sindicalistas inocentes. En estos días, que celebramos 40 años de democracia en España, a los que hemos ayudado a fortalecerla desde el movimiento sindical, nos surgen algunos interrogantes: ¿Una democracia que devora al movimiento sindical es una democracia? ¿Un Estado que pisotea la dignidad de los trabajadores en la cabeza de sus organizaciones sindicales, a través del miedo, la coacción y la represión, es un Estado fallido?

El próximo miércoles, todos y todas, estaremos en la calle para acompañar y respaldar a los compañeros Rubén Ranz y José Manuel Nogales.

  • En Madrid, el 21 de junio, 8:00 horas, acompañaremos a los compañeros Ranz y Nogales desde el Parque Quinta de Torre Arias (C/ Alcalá, 551) hasta el Juzgado de lo Penal, número 1 (C/ Julián Camarillo, 11).
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