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OPINIÓN | HOSTELERÍA Y TURISMO

Las dos caras de Fitur

28/02/2017 | FeSMC-UGT | César Galiano, responsable Hostelería y Turimos

Un año más, coincidiendo con el final del mes de enero, acude fiel a su cita la Feria Internacional del Turismo  (FITUR) que se celebra, desde hace ya 37 años, en el Instituto Ferial de Madrid, en el Parque Juan Carlos I.

Este  año han acudido a la feria 9.672 empresas expositoras de 165 países y regiones, más de 124.000 visitantes profesionales y 107.000 de público en general, cerca de 8.000 periodistas han dado cuenta informativa de lo que allí ha acontecido. No es extraño este despliegue, llevamos más de tres años encadenando temporada tras temporada un récord turístico tras otro.

Las cifras con las que se ha cerrado el ejercicio 2016 son mareantes.

El PIB turístico ha crecido hasta el 4,9%, con lo que la participación en el PIB general asciende ya al 11,2%.  La actividad ha aumentado en 6.414 millones, hasta alcanzar los 125.000 millones. Se han generado en el sector 80.688 nuevos puestos de trabajo, lo que supone alrededor del 15% de los creados en toda España. La demanda de visitantes extranjeros ha crecido en un 10%, el efecto del brexit en relación con la llegada de turistas británicos ha sido nulo a la finalización del ejercicio.

A la vista de esta situación, si existiera un observador imparcial, alguien  no contaminado por influencia alguna y  que no conociera la dinámica y las peculiaridades de nuestro país, sin duda pensaría que estamos ante un sector en el que, todos los que contribuyen a la buena salud del mismo, gozan de una alto prestigio profesional y unas retribuciones acordes a lo mucho que aportan a la económica del conjunto del Estado.  Nada más lejos de la realidad, la frialdad de las cifras, por más positivas que sean, ocultan una historia de precariedad, la historia de los trabajadores y trabajadoras que hacen posible con su tarea diaria la consecución de estos récords de ocupación, de visitantes y de beneficios para las empresas, pero que, lejos de recibir más a cambio de su contribución, en los últimos años han visto recortados el conjunto de sus derechos tanto a nivel económico (salarios) como a nivel social.

Tras el brillo de esas cifras, se esconden historias de precariedad laboral:

El incremento salarial en el último año ha sido tan solo de un 1% (negociado en convenio), con caídas salariales de hasta el 30% por causa, fundamentalmente, de la externalización de servicio. Ello evidencia un crecimiento económico en el sector que no se repercute en los salarios. No hay un reparto justo de la riqueza que se genera de manera colectiva.

El bloqueo de la negociación de los convenios colectivos llevado a cabo por las patronales del sector, ha dejado a un total de 431.532 trabajadores sin mejora salarial y, por consiguiente, con pérdida de poder adquisitivo.

A pesar de los beneficios obtenidos, siguen existiendo unos indecentes niveles de temporalidad y de empleos de escasa calidad. Se hace una utilización abusiva del contrato a tiempo parcial, además de corta duración.

Se consolida un modelo de sector frágil y volátil en un claro ejemplo de una visión cortoplacista. Nos aprovechamos del "turismo prestado", procedente de competidores del Mediterráneo y Oriente Próximo, así como de otros países europeos afectados por el terrorismo, mientras que por parte de la administración, no se contribuye en absoluto a sentar las bases de un modelo turístico estable, que pueda permanecer en el tiempo y que genere un mayor valor añadido. No somos capaces de explotar nichos turísticos como el cultural, gastronómico, histórico, deportivo etc.  No podemos fiarlo todo al "sol y playa" que, naturalmente, tiene que existir, pero que también debemos cuidar y evolucionar para no caer en una suerte de destino low cost permanente. En muchas regiones se han cometido auténticos atentados urbanísticos, fruto de permisivas leyes del suelo patrocinadas por los gobiernos de derechas, así, kilómetros y kilómetros de costa, en ocasiones de alto valor ecológico, se han convertido en murallas de cemento en un homenaje al "feísmo" turístico.

No se hace nada por convertir el modelo en uno basado en el talento, la innovación, la calidad y la excelencia. La formación se ha abandonado por parte del Gobierno, con un decreto que no sólo no la facilita sino que al revés, la dificulta, haciéndola prácticamente inalcanzable. No hace mucho tiempo un veterano metre de hotel me comentaba que, hace unos años, eran diez en el departamento, ocho trabajando y dos aprendiendo. Ahora son 8 en total y nadie aprendiendo. Esto nos hace perder calidad en el servicio y lleva aparejado la pérdida de clientes de mayor poder adquisitivo. La mayor cualificación requiere formación y apostar por la promoción profesional de los trabajadores. Si no se invierte en formación, es más, si no se considera la formación como una inversión y no como un gasto, seguiremos siendo un sector de paso sin alcanzar jamás un alto número de profesionales bien formados y que cobren salarios dignos.

Se imponen maratonianas jornadas de trabajo que los trabajadores se ven obligados a aceptar bajo la amenaza de que esto es lo que hay, si no te conviene, hay una legión esperando el trabajo.

La crisis golpeó al sector como al resto. Los empresarios lo aprovecharon bien. Hicieron uso de los recursos que les ofrecía la reforma laboral llevada a cabo por el Gobierno, la nefasta ley 3/2012 de 6 de julio, que abarató el despido, posibilitó la modificación de condiciones de trabajo y el descuelgue de los convenios colectivos,  facilitó la flexibilidad interna como excusa para evitar la externa (extinción de los contratos), resultando que se utilizaron con profusión ambas formas de "flexibilización", en lo que vino a crear la figura del "empresario subvencionado legislativamente". Resulta chocante que un Gobierno de tan acusada  tendencia neoliberal recurriera a una institución como la subvención, claro, que esta no consistía en financiar directamente a la clase empresarial, sino que, fieles cumplidores del proverbio chino, no entregaron al  empresario "necesitado" un pescado sino que le enseñaron a pescar utilizando las redes de la mencionada reforma.

A pesar de esta realidad, durante la crisis, y en buena parte motivado por la llamada Primavera Árabe y los problemas de seguridad en algunos destinos turísticos competencia directa de España, el sector de hostelería y turismo se convirtió en nicho o refugio de trabajadores que habían perdido su ocupación en otras industrias.

Tampoco podemos olvidarnos de uno más de los innumerables efectos negativos de la reforma laboral de 2012: la externalización de departamentos tradicionales de la industria hotelera. La posición de privilegio en que se sitúa tras la reforma el convenio de empresa, frente a los convenios sectoriales, hace que a muchas cadenas hoteleras les resulte muy rentable eliminar los departamentos de limpieza de pisos, mayoritariamente compuestos por mujeres, y externalizarlos en las llamadas empresas multiservicios que, con convenios propios de empresa, contratan a estas trabajadoras pasando a cobrar entre un 30% y un 40% menos respecto a los salarios que venían percibiendo en el convenio sectorial. Ante esta situación, desde UGT no hemos permanecido impasibles y desde el año 2012 hemos demandado ante la Audiencia Nacional estos convenios de empresa multiservicios consiguiendo la nulidad de todos ellos en la propia Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo en aquellos casos en que se han recurrido las sentencias de instancia.   Esta misma cuestión la hemos trasladado al Parlamento español, al Parlamento de Cataluña e, incluso, al Parlamento Europeo. Como consecuencia de está última actuación, cobró forma una Declaración por escrito (0076/2016) sobre las condiciones de trabajo del personal de limpieza de los hoteles (camareras/os de pisos) en la Unión Europea. Recientemente hemos estado reunidos con el Grupo Socialista, que ha presentado ante la Mesa del Congreso de los Diputados una Proposición de Ley de reforma del artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores que garantice la igualdad en las condiciones laborales de los trabajadores subcontratados. De prosperar esta iniciativa, a la que desde UGT hemos dado todo nuestro apoyo, los trabajadores externalizados pasarían a disfrutar de las mismas condiciones económicas que los que pertenecen a la empresa principal donde prestan sus servicios.

Otro problema que viene de la mano de los avances tecnológicos y tecnologías de la información es el fenómeno que se ha venido a denominar como "economía colaborativa", que también tiene su incidencia en el sector de la hostelería-turismo, fundamentalmente en el alquiler de apartamentos  que, en ocasiones, no son sino viviendas que se alquilan a turistas fuera del mercado reglado, lo que ocasiona un sinfín de problemas y no sólo a los trabajadores. A este respecto, el pasado mes de diciembre de 2015 firmábamos en Bruselas, en el marco del Diálogo Social del Sector de Hostelería y Turismo, un compromiso con las patronales europeas del sector en el sentido de exigir que toda actividad económica respete:

  • La legislación.
  • Las obligaciones fiscales.
  • El registro y las licencias.
  • La medición estadística.
  • La protección y la seguridad.
  • Los derechos de los trabajadores y sus garantías.
  • Los derechos de los consumidores.
  • Los derechos del vecindario.

Las empresas de hostelería-restauración deben garantizar la salud y la seguridad de los consumidores, así como los derechos de los empleados. En este sentido, deben cumplir con la legislación laboral, incluidos los convenios colectivos, y velar para que todo trabajador del sector disfrute de todos los derechos y cumpla con todas las obligaciones jurídicas. Además, las empresas del sector deben invertir en la cualificación y la formación de los asalariados, para garantizar la calidad de los servicios.

Esta es la realidad de los trabajadores del sector, muy alejada de la imagen  que los fastos y oropeles de Fitur parecen transmitir. Pero no nos vamos a quedar en la queja, desde las organizaciones sindicales de clase hemos venido realizando propuestas:

Repercutir  beneficios empresariales en incrementos salariales. Un trabajador motivado es un trabajador justamente remunerado.

Inversión real en formación que aporte calidad y cualificación al sector.

Potenciar la figura del trabajador fijo discontinuo que combina las necesidades temporales de la actividad con la garantía jurídica de continuidad en el empleo.

Desterrar la cultura de la externalización de servicios porque no es más que una vía de precarización de condiciones laborales.

Sin renunciar al turismo de sol y playa, en el que somos verdaderos maestros, debemos diversificar la propuesta turística ofreciendo otras alternativas: culturales, gastronómicas, rurales, turismo de empresa etc. Es imprescindible captar nuevos nichos de mercado que generen mayor afluencia de turistas así como incremento de los ingresos.

En este sector las cosas nunca han sido fáciles, para empezar, se "vive al revés del mundo". Las épocas de más trabajo coinciden con los días de descanso o de vacaciones de la mayoría de la población, la conciliación de la vida personal y familiar es casi una utopía. Para conseguir el Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería, que regula los derechos y obligaciones más elementales del sector para empresas y trabajadores, hubo que pasar por una huelga  en el año 1992 que, por razones obvias (Olimpiadas de Barcelona y Expo de Sevilla), no fue en absoluto pacífica dentro de los propios sindicatos convocantes. Pero este fue un gran paso, el Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería (ALEH) nos ha dado un marco de negociación permanente que ambas partes hemos respetado y sabido aprovechar. Debemos luchar por su pervivencia como garantía de paz y diálogo social.

No quisiéramos desde esta tribuna trasmitir una visión negativa del sector, aún al contrario, creemos que este puede contar con un excelente futuro. Simplemente advertir de las necesarias correcciones que, desde nuestra humilde opinión, deben llevarse a cabo para permitir que la primera industria del Estado lo siga siendo. Para ello es necesario que todos los que de una manera u otra forman parte de la misma, también sean participes de los beneficios cuando los hay, porque a la hora de pedir esfuerzos y sacrificios, siempre se cuenta con ellos.

Es importante, por último, mantener la unidad de los trabajadores en la lucha por la defensa de sus derechos y para ello, nada mejor que hacer cada día más y mejor sindicato.

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