RSS de Portada
Portada > noticia
OPINIÓN | EL DIVÁN

Emprendedores por necesidad

09/06/2017 | Marcos Ruiz Cercas | Área de comunicación FeSMC-UGT

Resulta seductor recrearse en la idea ilusoria de empezar el día desde el sofá de tu casa, con el portátil abierto y dispuesto a trabajar en una jornada flexible para la gestión de tu propio negocio. Creerte, de veras, que ser tu propio jefe, tener tu propia empresa y no estar sujeto a disciplinas hace que la vida pueda ser maravillosa. La realidad, sin embargo, es que el tiempo de dedicación será constante y deberás estar disponible ante las necesidades de tus clientes durante 24 horas al día; estarás condicionado por un volumen de trabajo que, en ocasiones, será aceptable y, en otras, angustiosamente insuficiente: de eso dependerá tu subsistencia, de tu nivel de ingresos, siempre relativo, siempre cíclico. Crees que eres un emprendedor, un pequeño empresario que asume el sacrificio de todo aquel que empieza una aventura, con ilusión y empeño. Pronto entenderás que estás más cerca de un trabajador autónomo en precario –al albur del azar y las circunstancias– que de un emprendedor talentoso –y económicamente solvente– que controla su destino.

Emprendimiento: ese concepto publicitario manoseado hasta la náusea por ese magma de gurús, coachers y expertos de la nada aupados al olimpo mediático con el aval de instituciones y corporaciones privadas en una trama de intereses cuyo objetivo no es otro que consolidar un nuevo paradigma laboral en el que el trabajo asalariado –entendido como una relación contractual entre empleador y empleado– sea sustituido por la prestación de servicios laborales (en base a una relación comercial en la que el empleador pasa a ser cliente y el trabajador un proveedor de servicios).

Ser “emprendedor” es mainstream –en terminología anglomierdera–, aunque al rascar en el concepto lo que aflore, realmente, sean autónomos dependientes o falsos autónomos que trabajan para una única empresa (o para un puñado de clientes que le aportan pocos ingresos y mucho trabajo), sin las garantías y coberturas laborales y sociales de un asalariado: son prestadores unipersonales de servicios.

Lo más irritante de esta tendencia son los argumentos que se manejan: pretenden que cada uno de nosotros –haciendo de la crisis económica una oportunidad, dicen los vendedores de crecepelo– seamos capaces de emprender, montar un chiringuito empresarial, optar por el autoempleo, realizarnos profesionalmente a través del onanismo de nuestro propio ego profesional, redefinirnos y reinventarnos como empresarios safe made man. Para ello esgrimen datos como los del Informe Mundial GEM (Global Entrepreneurship Monitor) del año 2016, que afirmaba que “el 73,5% de las iniciativas emprendedoras [en 2015] fueron motivadas por la oportunidad y la mayoría de emprendedores que las impulsan son jóvenes”. En España, no.

Según los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, entre el marzo del año 2016 y marzo de 2017 el empleo autónomo (por cuenta propia) fue de un 0,87% (27.459 personas), mientras que el empleo asalariado (por cuenta ajena) creció un 4,10%. Estos datos están en un contexto de evolución inversamente proporcional a las cifras de hace cuatro años, donde crecía más la creación de empleo autónomo que asalariado. La conclusión, avalada por distintos analistas, parece evidente: en contra de lo que afirman los vendedores de humo, el emprendimiento, tal como nos lo han vendido en España, no es una salida profesional fruto de la automotivación personal y la iniciativa individual basada en el talento sino una necesidad que encuentra su causa en la crisis económica y la escasez de empleo asalariado.

Cuando la crisis es más intensa, el empleo autónomo se sitúa por delante del asalariado; iniciada la supuesta recuperación, el empleo asalariado “sorpassa” al autónomo; es decir, el emprendimiento, en España, ha sido sinónimo de necesidad, de subsistencia en un contexto de adversidad económica. Lo que aquí han pretendido es hacernos creer que cada uno de nosotros podíamos ser una empresa unipersonal, desarrollar un portal, al calor de la economía digital, en el que vender nuestros productos o servicios: ¿Acaso creen que nuestra economía puede sustentarse sobre sectores ultra-atomizados integrados por cientos de miles de empresas unipersonales sin más estructura que una plataforma digital y una política de precios autodestructiva?

Este país necesita empresas fuertes –con inversiones garantizadas a medio plazo y planes de desarrollo blindados a la improvisación–, con un mínimo tamaño y volumen de negocio, que sean productivas y generen empleo de calidad; que puedan competir en condiciones de equilibrio y que sustenten un modelo económico basado en la calidad de productos y servicios que abra las puertas a la internacionalización. Y para que eso sea así, hay que poner como elemento central del modelo productivo el trabajo asalariado. Lo demás es propaganda que aboca a muchos hombres y mujeres a la frustración y, lo que es peor, a la ruina.

FeSMC-UGT. Avenida de América, 25 - 8ª planta
FeSMCUGT UNI UGT Confederal ITF IUF-UITA-IUL ugt