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OPINIÓN | SECRETARÍA GENERAL

Elasticidad del sacrificio en los trabajadores: dignidad y salarios

23/03/2017 | Miguel Ángel Cilleros | Secretario General FeSMC-UGT

Los sindicatos UGT y CCOO nos movilizamos hoy para exigir salarios dignos, empleos estables y convenio justos. Aunque las tres se interrelacionan, quiero centrar esta reflexión en la primera de nuestras justas peticiones.

La coherencia es un concepto que vincula la tesis de un discurso y su correspondencia en el plano de lo real o, lo que es lo mismo, la lógica entre lo que se dice y lo que se hace; en definitiva: el análisis de una realidad objetiva de la que se extrae una conclusión subjetiva y su traslación, en forma de acciones, a esa realidad.

Dicho lo anterior, pasemos a ejemplificar: si la economía española está creciendo (un 3,2% en 2016), según indican los datos macroeconómicos; si la actividad productiva de determinados sectores de los llamados "estratégicos" se incrementa; si el beneficio de muchas de las grandes y medianas empresas del país es ya una realidad; si la evolución de los precios es de un 3% en tasa anual; si parece que hay un consenso –tan habitual, por otra parte– entre analistas, economistas y editorialistas para certificar el despegue definitivo de la economía española, materializado todo ello en cifras con un "+" delante que dibujan un mapa hiperoptimista de nuestras capacidades y potencialidades como país, cabe preguntarse: ¿Qué impide, pues, trasladar una parte de esas mejoras a aquellos que viven de un salario y son causa, también, del supuesto cambio de ciclo económico? Me refiero a los trabajadores y las trabajadoras, obviamente. Y sigo interrogándome: ¿Qué grado de elasticidad tiene el término sacrificio cuando se aplica a la clase trabajadora? Volviendo al concepto "coherencia", parece evidente que lo que se predica en un sentido (tan positivo, optimista y constructivo) no tiene su correspondencia factual en el otro, el de los asalariados de aquella clase media de los años de vino y rosas que, con la crisis, ha quedado proletarizada.

Que las empresas estén ganando dinero, recuperando beneficios, mejorando sus resultados y, en consecuencia, generando riqueza –principalmente en sus accionistas– no tiene, según la particular manera de interpretar la lógica del mercado por parte de nuestros empresarios, nada que ver con mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores y las trabajadoras, en coherencia (término ya explicado)  con la dinámica de crecimiento en la que ha entrado nuestra economía. Todo lo contrario: tiene que ver, y mucho. Puede ser aceptable reconocer que no todos los sectores de actividad económica, ni todas las empresas, remuneran igual a sus trabajadores ni presentan un nivel salarial lineal y a la baja, por lo que habría que adecuar el margen de incremento salarial que propone UGT a cada caso. Pero una cosa esta clara: ha llegado el momento de responder al sacrificio que los trabajadores han realizado durante los años de crisis económica.

Lo peor de esta situación es que ni el Gobierno ni los interlocutores empresariales ni los lobbies económicos que operan a la sombra del poder van a aceptar un mínimo de coherencia entre lo que trasladan a la opinión pública y lo que (no) hacen en una realidad que les resulta muy cómoda y rentable: mano de obra, talento, experiencia y profesionalidad al menor coste posible. Resultado: precarización y empobrecimiento. Objetivo: un cambio de modelo (que ya ha empezado). Instrumentos: propaganda, reiteración del discurso, demagogia y coacción.

En este campo de batalla ideológico y dialéctico, Gobierno, empresarios y lobbies han decidido criminalizar el discurso sindical que exige, desde ya, que los salarios de los trabajadores –tan laminados durante los años de crisis– vuelvan a una dimensión conceptual que case con la dignidad. "Salario" y "digno" son, para ellos, dos conceptos que no casan, que no mezclan bien entre sí (como el agua y el aceite).

No puede ser sostenible, a largo plazo, un modelo económico basado en la precariedad de aquellos que tienen como único capital su mano de obra, su talento, su experiencia, su formación y su capacidad de sacrificio. Con todos ellos la Unión General de Trabajadores tienen una obligación moral: defender su dignidad (que es la de todos nosotros). 

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